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LA REPÚBLICA ARGENTINA COMO DESTINO DE LA INMIGRACIÓN. 1868  67



               o árboles que dan sombra. Entre estos últimos se destaca principalmente
               el ombú, que crece muy grande y da mucha sombra, pero no tiene ninguna
               otra utilidad, ya que su madera blanda y fi brosa no sirve siquiera como leña.
               El ceibo, con un racimo de fl ores magnífi cas rojas, y el paraíso, cuya fl or se
               asemeja a nuestras seringas , y que produce leña excelente. Muchos colo-
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               nos han rodeado todas sus propiedades con un ancho borde de paraísos,
               álamos, acacias, algarrobos, quebrachos y otros árboles.
                  El trabajo en el campo es mucho menos penoso y cansador que en Eu-
               ropa. Todos los cultivos se llevan a cabo sin fertilizantes, esto ya es un gran
               alivio; también se planta todo en campos grandes, de modo que el suelo
               siempre /33/ se trabaja con el arado y solo excepcionalmente con la pala o
               la azada. Siempre se puede arar y sembrar con comodidad. En cambio, la
               cosecha, ante todo la cosecha del trigo, necesita de trabajo fuerte e ininte-
               rrumpido, para realizarla pronto y no sufrir grandes pérdidas por la tardan-
               za. El ganado también necesita poco cuidado, aunque la mayor atención
               que le prestan los colonos más hacendosos se reditúa sensiblemente por
               el mayor rinde en manteca, etc. Pero aunque el trabajo del campesino sea
               llamativamente más liviano de lo que es aquí [en Suiza], no queremos decir
               con ello que en la Argentina este pueda ser negligente y lerdo. Ser trabaja-
               dor y constante, observar siempre y poner el hombro; el orden, el ahorro y
               ser hacendoso es tan imprescindible allá como en cualquier lugar. Pero el
               trabajo en Santa Fe trae frutos más ricos. Si una familia está integrada con
               dos o tres varones que aportan mano de obra, puede trabajar exitosamen-
               te una concesión de 93 jucharten. Una mayor cantidad de mano de obra
               naturalmente es tanto más provechosa, y están mejor aquellas familias que
               tienen muchos hijos. Porque niños y niñas ya pueden en tierna edad realizar
               muchos servicios y ser útiles con su ayuda. En cambio hay que advertir al
               colono que no contrate trabajo pago. Los peones piden una paga alta, de
               entre 32 a 48 francos (15 a 22 fl orines, 24 kreuzer) por mes y la comida, y
               como el resultado de la agricultura siempre depende de las condiciones
               meteorológicas, el que no tiene patrimonio podrá llegar a tener que erogar
               varios meses atrasados de salarios, mientras que para la familia, aunque
               sea muy numerosa, siempre hay sufi ciente para su manutención. Aquí tam-
               bién conviene señalar que la asociación entre personas que no forman una
               verdadera familia, rara vez resiste; suele disolverse con la primera difi cultad
               o disputa.
                  La venta de los productos nunca es un problema para los colonos, y
               cuanto mayor sea la cantidad ofrecida del artículo, tanto más vale la pena
               para los mayoristas interesarse en él, y tanto más fácil es la venta. Los com-
               pradores a menudo llegan personalmente a la colonia y no es raro que com-
               pren los productos directamente a los colonos en sus casas. Los de San
               Carlos entregan por lo general sus productos en un puerto del río a unas
               cuatro leguas de distancia, en la estancia de un tal Maciel, y reciben por lo
               general los mismos precios que se pagan en Santa Fe. Además el tránsito
               entre la ciudad y las colonias se está haciendo cada vez más movido y más
               fácil. Sobre el río, que antes debía cruzarse en un bote o una balsa, ahora

               35  Seringen: Antiguo nombre alemán del Flieder o de las lilas (Syringa vulgaris).
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