Page 42 -
P. 42
40 ALWINA PHILIPPI DE KAMMERATH
el piano. Ella contestó que sí, pero que nombraba las notas de otra manera.
Cuando supo él que era a la manera italiana, le dijo que era lo mismo y así pudo
Berta, que tenía muy educado el oído, nombrar bien las notas. A la hora siguiente
notó el profesor que todas las alumnas sabían también perfectamente las notas
y él le dijo a Berta que no levantara tanto los dedos. Resulta que las demás
chicas le habían pedido a ella que levantara un dedo según fuera la nota tocada.
A continuación el profesor la sentó en primera fila y tocó una nueva canción que
ella tarareó hasta el final. El profesor le preguntó si ella sabía la canción, y al
contestarle que no, buscó otra canción, la que también cantó Berta leyendo las
notas. Cada vez fue cantando canciones más difíciles, hasta que el maestro dijo
que era suficiente por ese día. Cuando se dio vuelta estaba la directora y otras
maestras escuchando. Habían ido a averiguar por qué duraba tanto esa clase
y si las alumnas estaban en penitencia. Después de eso Berta ocupó el puesto
de una voz que faltaba en el coro. A mí me llenó de felicidad saber esto, ya que
yo le había enseñado desde chica y practicaba repitiendo en el piano las melo-
días que oía tocar al organillero en la calle.
Sus primeras vacaciones las pasó con mi querida tía Gervinus, quien la
presentó a todos los parientes y la mimaba mucho. En otras vacaciones, cuando
ya tenía 14 años, la llevó Gustchen a Sangerhausen , donde hicieron hermosas
76
excursiones a las montañas. La dueña de la posada le dijo un día a Gustchen:
"Esta joven me recuerda a alguien", a lo que contestó ella: "Berta viene de Sud-
américa, así que debe ser una confusión". Luego de unos días la señora dijo que
le hacía acordar a un estudiante llamado Christian Philippi, que había hospedado
muchas veces en su casa. Cuando le dijeron a la anciana señora que ese era el
abuelo de Berta se alegró mucho de que no le fallara la memoria.
Esta hija mía se quedó tres años en Bonn y luego estuvo en pensión en casa
del pastor Mallet, donde estudió otras materias y fue confirmada por el mismo
pastor. La casualidad quiso que mi verso de confirmación: "Sei getreu bis in den
Tod" (Sé fiel hasta la muerte) , también le fuera dado a ella. Más tarde mi primera
77
nieta Bertita, sin haberlo pedido nosotras, también lo recibió, y luego, a nuestro
pedido, le fue dado también a mi bisnieta Lenchen.
Pero regresemos a Rosario. Una vecina nuestra, Serafina González, a quien
en momentos muy duros, cuando tenía a su esposo enfermo, yo acompañara
mucho, leyó en el diario que se iba a rematar un block de casas y pensó que se
podría conseguir barata una casa. Como yo tenía un poco de dinero ahorrado,
fui con el señor Domingo González a verlas y quedé tan encantada, que elegí la
vivienda mejor ubicada, y el señor la compró en el remate para mí. Así una buena
acción tuvo su recompensa y pude tener mi casa propia. A una cuadra escasa
vivía una querida amiga mía, Elizabeth Blümlein de Gietz con su familia. A su
esposo lo habíamos conocido cuando trajo a su hijo Gerardo, de 13 años, a
Demarchi como aprendiz y nos rogó que nos ocupáramos de él. El señor
78
76 Sangerhausen ms.: Sangershausen. Pueblo a 50 km. al oeste de Halle, en Sajonia, al pie
del complejo montañoso Harz.
77 Apocalipsis de San Juan 2, 10b.
78 Véase la nota 53. Carlos Kleiber Gietz había sido farmacéutico, su hijo siguió la misma
profesión.

