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RECUERDOS DE MI NIÑEZ Y JUVENTUD 41
Kleiber Gietz era un librepensador, muy querido por la gente humilde y muy poco
por los jesuitas. Como era farmacéutico, una noche de tormenta debió salir a
entregar un medicamento, que se necesitaba urgentemente y que nadie quería
entregar por el pésimo tiempo. Por esto enfermó de pulmonía, falleció después
y fue enterrado en el cementerio católico. Cuando al día siguiente fue la viuda
con los hijos a ver la sepultura, se encontró que la misma estaba vacía y el ataúd
estaba contra una pared, en el lugar donde enterraban a los suicidas. Todo esto
sucedió en Esperanza. Entonces los hijos resolvieron traer a su madre a Rosa-
rio y también trajeron los restos de su padre. Los jesuitas hicieron repartir enton-
ces panfletos, en los que estaba dibujado el señor Gietz en una hoguera y a su
alrededor bailando los curas. Y todo porque el señor Gietz solía decir a la pobre
gente que guardara su dinero para los hijos y no compraran la absolución a
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los curas.
Ahora volvamos a mi casa nueva. Oscar Classon se enteró de mi compra en
el remate y temió que yo hubiera procedido demasiado apurada; pero cuando
la vio le gustó mucho y me dijo que estaba hecha con muy buen material y que
había hecho una buena compra. Mariechen, que estudiaba mucho pues quería
ser maestra para poder ayudarme, estando en la edad del desarrollo se desmayó
un día. El médico me dijo que debía dejar el estudio por un tiempo y que sería
bueno que la llevara al mar. Classon tenía justamente que viajar a Alemania, así
que le pedí que llevara con él a Mariechen, así haría ella la travesía por mar. Ellos
se alegraron mucho y la llevaron con gusto, pues era muy buena con ellos. Luego
que se fueron comencé la mudanza. Tuve como pintor en la casa nueva a un
estudiante aventajado de medicina, Englert, cuyo padre lo había mandado a
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América para que conociera la seria vida de trabajo. Alwin lo quiso ayudar y se
cayó de la escalera rompiéndose la muñeca. Cuando vino el médico lo encontró
muy bien vendado por un entendido, y caímos en la cuenta que Englert era
estudiante. Qué susto me llevé, cuando al regresar de las lecciones busqué a
mis hijos y me encontré con este accidente. Alwin quedó en lo de los Gietz y fue
cuidado con mucho cariño. Al fin nos pudimos mudar y fue la buena de Elizabeth
la que estuvo a mi lado ayudándonos en todo y poniendo los muebles donde yo
indicaba. Pronto estuvimos instalados, hicimos una pequeña fiesta y Englert nos
alegró con una sesión de magia.
Desde Alemania me llegaron buenas noticias y la señora Von Post estuvo
muy contenta de que sus hermanos hubieran llevado a Mariechen. Para Berta
fue una inmensa alegría ver a su hermana después de cuatro años, pero esta
alegría le duró poco, pues a los dos meses, aprovechando una buena ocasión
de viaje, Gustchen me envió a mi hijita mayor, aunque le costó mucho separarse
ella. Así después de cuatro años la tuve otra vez a mi lado, ayudándome en todo.
Ella manejaba la casa, daba lecciones de alemán a los más chicos, tenía alum-
nos particulares para eso y pudo así ganar algún dinero. Cultivamos mucho la
relación con los Gietz, hacíamos hermosas reuniones después del trabajo y
reinaba la alegría en la casa. Un día alquilamos un pequeño vapor e hicimos un
79 Ms. om. no
Aquí fue necesario enmendar el texto. No tiene sentido si falta el "no" que agregamos.
80 Aventajado: ‘avanzado’.

