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            Mientras que Fray Bentos fue perfeccionado en los últimos 45 años, Fábrica
          Colón fue creado de una vez con todos los perfeccionamientos posibles (Huret.
          1903: 520). No nació alrededor de una plaza, sino de la fábrica como foco de
          todo el conjunto: un universo de valores compartidos e igualados en la dignidad
          del trabajo. Vivir en el pueblo fue símbolo de progreso.
            El trazado urbano, definido por dos calles principales, lleva directo a la fábrica
          y allá abajo, el puerto: lo que le dio sentido para embarcar los productos del río
          Uruguay hasta el Támesis. La manga, ese ancho camino por donde las vacas
          marcharon al sacrificio, actuó como eje del funcionamiento productivo y como
          bisectriz urbana, diferenció dos barrios: el obrero y el "inglés".
            La localización de las partes, en clara estratificación socio-económica es
          visible en la ubicación de los edificios, en el tipo de arquitectura y los materiales
          utilizados según los diversos usos: productivo (fábrica), residencial (viviendas),
          social (escuela, biblioteca) y deportivo (clubes).
            La Compañía promovió el paternalismo social y para tener buenos trabaja-
          dores les brindó la oportunidad de vivir en un entorno agradable, en busca de
          un proyecto de vida. Acceder a trabajo y casa fue un instrumento para la creación
          de una comunidad que marchó al compás de la empresa.
            Empresa y trabajadores vinieron de otro lugar, para compartir no sólo el
          mismo espacio de trabajo sino el mismo pueblo, el equipo de fútbol, el tiempo
          libre… en un adentro que reforzó lazos como compañeros y jefes, vecinos y
          familiares, para construir una comunidad con una identidad colectiva, un sentido
          de pertenencia en torno al trabajo de la carne y la producción de alimentos.
            Los trabajadores de la carne en los nuevos espacios industriales, contene-
          dores de modernas máquinas, fueron la fuerza productora y productiva, que
          aprendieron en Sudamérica a transformar vacas en alimentos (método de con-
          centrado de carne) y en ese proceso,
          de enlatar miles de vacas y embarcar-
          las a Europa, fueron motor de creci-
          miento económico y desarrollo local.
            Por entonces, la propiedad era pri-
          vada y el sitio se conocía como Fábrica
          Colón o simplemente, la Fábrica; recién
          el 17 de mayo de 1975 adquirió su   El pueblo industrial Fábrica Colón, hoy
          autonomía como Pueblo Liebig.      Pueblo Liebig (Foto archivo marca Liebig).


          Tres hombres visionarios

          Justus von Liebig aportó el invento, el ingeniero Georg Giebert puso en marcha
          la fábrica de conservas, el banquero Otto Günther invirtió su capital, y todos
          ganaron en articulación de fuerzas. En su calidad de científicos, técnicos o inno-
          vadores invirtieron su experiencia en la solución de un problema crucial: el ham-
          bre de una población mundial en crecimiento. Estos tres pioneros eran alemanes:
            Justus von Liebig (1803-1873), padre de la química orgánica, nació en Darm-
          stadt y murió en Munich, Alemania; estudió química en la Universidad de Bonn
          y en Erlangen. Hacia 1822 su amistad con el científico y explorador Alexander
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