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Cissy von Scheele-Willich
Cinco trabajos periodísticos
Traducciones de Beatriz Romero
Nosotros, los colonos del algodón 1
¡Cómo puede mudar la dirección del viento en esta vida!
Partimos rumbo al Chaco hace más de tres años. Fue al azar, para probar
suerte, sin un centavo y un poco "enfermos del corazón". Nuestros amigos y
conocidos nos aconsejaban que abandonásemos aquella empresa aventurada,
deploraban que fuésemos a perdernos en tierras de nadie y expresaban reparo
acerca de nuestro futuro. Luego, hace poco, durante una breve visita a Buenos
Aires, dondequiera que iba escuchaba, junto con el apretón de manos del saludo,
las mismas palabras: "¡Debe irles bien allá arriba; como cultivan algodón ...!"
Algodón – oro blanco. El oro es riqueza. La riqueza es felicidad. ¿No debería
ser el Chaco, entonces, la tierra de los afortunados?
Sea en los terrenos auríferos de Alaska o de otras zonas del orbe; sea en los
terrenos diamantíferos de Sudáfrica o de otros países cualesquiera, los busca-
dores de fortuna siempre llevan una vida llena de penurias y privaciones. A nadie
se le ocurriría contarlos entre los habitantes adinerados y felices de este mundo.
Así pues, tampoco el oro blanco está esparcido por los campos a la espera de
que se lo recoja. Su extracción también es fruto de arduas faenas y de una vida
de trabajo parca y fatigosa. Esto se debe a que el colono medio y principalmente
nosotros, los inmigrantes alemanes, iniciamos dicha actividad sin recursos mate-
riales, lo que en los primeros años nos obliga a restringir nuestras adquisiciones
y renunciar a todo lo que pudiera aliviar nuestro trabajo y vida cotidiana.
A esto se suma otra complicación: el cultivo del algodón constituye un sec-
tor menos conocido y probado que otras actividades agrícolas en la Argentina
en general y en el Chaco en particular. Es cierto que el Ministerio de Agricultura
se esmera por lograr que se cultive el algodón de manera correcta mediante la
divulgación de cartillas informativas y explicativas, pero el desconocimiento del
idioma hace que muy pocos puedan acceder a la información. Por lo tanto,
debemos apelar a otros recursos para informarnos sobre el cultivo del algodón,
cuales son, por un lado, los consejos de otros colonos y, por otro, nuestra pro-
pia experiencia en la materia. Entre las dos, el segundo es con creces el más
valioso y el único inconveniente es que requiere tiempo y dinero.
Poco a poco cada uno de nosotros aprende a ajustarse a ciertas reglas
básicas, típicas del cultivo del algodón. Comienzan con los preparativos para la
producción, vale decir, la arada del futuro algodonal. Como los últimos años nos
enseñaron a prestar particular atención a la marcada sequedad de la región de
Charata, se nos impone asegurarnos un factor de seguridad efectuando una
1 Texto base: "Wir Baumwollkolonisten", Bundeskalender 1927 (192): 93-95.

