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          tareas tácticas y estratégicas, lo llamaría un soldado. A esto se suman situacio-
          nes críticas como catástrofes y cambios climáticos u otras adversidades como
          plagas o la baja inesperada de un integrante de la mano de obra. En estos casos,
          el colono no cuenta más que consigo mismo para analizar la situación y decidir
          cómo procederá. Si en tales coyunturas no cuenta con aptitudes suficientes
          para manejar la situación; si actúa de manera atolondrada o no tiene una ade-
          cuada visión de conjunto, en poco tiempo podrán caer en saco roto todos los
          esfuerzos realizados y todas sus buenas intenciones. Podríamos llenar páginas
          enteras con ejemplos que demuestren que la clave del éxito en la tarea de los
          colonos radica en su capacidad de disponer el trabajo con independencia de
          criterio. Aquel que con anterioridad cumplió tareas mecánicas en una fábrica u
          otro empleo a sueldo fijo y aun conserva esta capacidad latente, tendrá que ir
          desarrollándola antes de poder confiar en ella. Ni siquiera la persona que apren-
          dió y ejerció labores agrícolas desde joven, por lo que debió manejarse con
          independencia, tiene el éxito asegurado como colono. Puede observarse en
          todas las colonias que, si bien los agricultores alemanes le llevan ventaja a los
          que provienen de otras ocupaciones por estar habituados a las tareas de campo,
          al trato con los animales de trabajo y demás, muchos de sus conocimientos en
          la materia se convierten en un obstáculo que les impide adaptarse a las nuevas
          condiciones de vida en un país extraño, por lo que su modo de manejarse puede
          resultar tan desacertado como el de los colonos que no provienen de dicha rama
          de actividades.
            Además de la iniciativa propia en su ámbito de trabajo específico, este país
          requiere que en los distritos colonizados muy alejados de los centros de civili-
          zación las personas tengan cierta autonomía en la forma de presentarse y en su
          capacidad de alcanzar una posición social en estas tierras nuevas, pues son
          nuevas en todo sentido. No es, por ende, casual que en las jóvenes colonias se
          perciba a qué punto gran cantidad de alemanes recién llegados se sienten
          dependientes de otros. En lo que respecta a la educación del individuo, el estado
          policial alemán, bien regulado y sin duda ejemplar en cuanto a estructura y
          organización, tiene la desventaja de que acostumbra al individuo a comportarse
          en exceso conforme a preceptos, debido a la abundancia de prescripciones
          puntuales que le impone. Todo alemán refleja de algún modo el hecho de que
          ha sido educado para obedecer, y cuando cesan repentinamente este riguroso
          ordenamiento y esta predeterminación en todos los aspectos de su vida coti-
          diana y laboral, dando paso a la dorada libertad de un territorio de colonización
          argentino, parece sentirse particularmente desamparado o, pasándose al
          extremo opuesto, laxo e inestable. Con variantes se repite el caso de que un
          colono alemán recién llegado reclame insistentemente su derecho a recibir ayuda
          y apoyo. "¡Me han dicho que me ponga en contacto con usted, de modo que
          debe encargarse de mí!" o "¡Usted es compatriota mío, así que tiene la obligación
          de darme una mano hasta que me haya establecido!" ¡Qué colono veterano no
          conocerá estas exigencias, proferidas con sorprendente naturalidad! Dicho sea
          de paso, la persona que responde a ellas con la mejor disposición hacia el otro
          y sin obligación alguna, las más de las veces cosecha ingratitud y disgustos en
          lugar de agradecimiento y retribución. Este comportamiento no puede menos
          que atribuirse a la asistencia estatal y social tan profusamente extendida en
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