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SOBRE LAS DOTES NECESARIAS PARA SER UN BUEN COLONO 67
si ama y disfruta de la naturaleza con una respuesta afirmativa igualmente vaga.
O si, como otras, también esta actividad requiere determinada predisposición y
aptitudes internas que le aseguren un resultado exitoso y satisfactorio en el trabajo.
Mi permanencia en una colonia del Chaco durante cuatro años, en medio de
un mosaico de colonos de las más diversas nacionalidades y ocupaciones pre-
vias, me permitió observar a qué punto incluso el oficio de colono requiere una
predisposición interna particular. Si estamos entre los que se interesan por ahon-
dar en cuestiones de esta índole, reconoceremos que no basta con juzgar al
colono recurriendo a lugares comunes como "el que se esmera, progresa; el
perezoso no avanza" o "para tener éxito como colono hay que haber nacido
agricultor" o "con suficiente capital cualquiera puede ser colono".
Imaginemos cómo se desarrolla el proceso de volverse colono. Por lo gene-
ral, viene a parar a una región que le es totalmente ajena por el clima, la natura-
leza del terreno y las condiciones de vida. Se ve un buen día asentado sobre un
pedazo de tierra que ha comprado u ocupado y, sin más, el destino le dice: "¡Sé
colono!" Realizará las faenas iniciales de modo esquemático, imitando lo que ve
hacer a otros o escucha que otros le dicen. Pero al poco tiempo deberá enfren-
tarse a tareas que requerirán total independencia de criterio, la independencia
que siempre ansió tener en su lugar de origen y en su nuevo hogar y que suena
aun más fascinante si se la identifica con el término de "libertad".
¿Acaso no es comprensible que una persona que durante toda su vida ocupó
un empleo fijo, cumpliendo tareas prescritas, no pueda independizarse de un
día para el otro? Sus reflexiones y proyectos no excederán el horizonte de un
empleado asalariado, lo que supone ciertas limitaciones. Los individuos acos-
tumbrados a contar con sumas de dinero precisas y de escaso monto aprenden
a ahorrar cada moneda, y no logran deshacerse de esta costumbre cuando se
trata de asumir el riesgo de invertir una cantidad considerable en un negocio
redituable. Sienten cierto sofocón cuando la necesidad los urge a desembolsar
un monto importante de una sola vez. Por un lado, ahorran en pequeñeces y,
por otro, derrochan dinero en nimiedades, pues carecen de visión de conjunto.
Debe aprenderse, practicarse y ensayarse la capacidad de pensar a futuro, más
allá de un día para el otro o una semana para la otra; de prever ganancias y
pérdidas en término de años; de hacer cálculos aproximados en asuntos de
dinero; de saber distribuir el tiempo disponible y las labores que deben cumpli-
mentarse. De ahí que aquellos que debieron actuar con criterio propio en ocu-
paciones previas tengan una gran ventaja interna frente a los que, al iniciarse
como colonos, trabajan por primera vez en forma independiente.
La principal predisposición natural que garantiza autonomía segura en el
trabajo consiste en saber manejarse bien, sin depender de otros. Realizar mecá-
nicamente una tarea dispuesta por otro, no es lo mismo que disponer por propia
cuenta las tareas que ha de realizar uno mismo o la mano de obra requerida. La
faena diaria y más aun la anual de un colono no es tan sencilla como parece:
debe sembrar en primavera, roturar la tierra en verano, cosechar en otoño y
sobrearar en invierno. A la par de las labores prioritarias del día, hay tantas tareas
complementarias impostergables, que casi todas las mañanas el colono se halla
ante la necesidad de distinguir lo esencial de lo secundario y distribuir la mano
de obra disponible en el sitio adecuado a la hora precisa o sea desempeñar

