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NOSOTROS, LOS COLONOS DEL ALGODÓN                65



              costoso. El verde de París o verde de Schweinfurt  es un insecticida caro, y la
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              fumigadora, imprescindible en terrenos extensos, constituye un gasto suplemen-
              tario. Lo peor es el daño que inflige el colono mismo a la planta al aplicar insec-
              ticidas. Terminamos por combatir un mal con otro peor.
                 Las penurias y esfuerzos de todo tipo que debe afrontar el colono del algo-
              dón durante los meses de verano trabajando y afanándose sin respiro, le ense-
              ñan al poco tiempo lo que puede lograr y lo que no, y le muestran con cuánta
              producción a bulto puede contar. Según el caso, las fabulosas cifras de produc-
              tividad del oro blanco sufrirán, tarde o temprano, fuertes mermas. El número de
              familiares involucrados en la tarea y la maquinaria de que disponga, determina-
              rán la mayor o menor cantidad de hectáreas de algodonal que podrá atender.
              Una familia de tres o cuatro miembros, cosa habitual en la zona, que siembra y
              realiza las demás tareas a mano sin ayuda mecanizada, no tiene más remedio
              que limitarse a cultivar entre cinco y seis hectáreas si aspira a obtener un buen
              rendimiento. Por el contrario, si una familia de igual cantidad de integrantes
              dispone de la maquinaria necesaria, podrá cultivar con éxito de veinte a treinta
              hectáreas sin mano de obra ajena.
                 Un matrimonio sin hijos y más aun un colono soltero –y el porcentaje de
              solteros sigue siendo alto aquí- no podrán lograr un rendimiento satisfactorio
              durante el período de cultivo, si no cuentan con ayuda mecanizada ni colabora-
              ción ajena. Para escardar la tierra y cosechar el algodón deberán contratar mano
              de obra, y el beneficio obtenido en la cosecha dependerá por entero de la
              maquinaria y el número de manos de que dispongan. Suponiendo que cuenten
              con escaso efectivo -como suele ser el caso- pero dispongan de maquinaria, el
              término medio de hectáreas cultivables será de quince a veinte para un matri-
              monio y de diez a quince para un colono soltero.
                 En tiempos de cosecha, únicamente las familias numerosas que trabajan
              mancomunadamente pueden arreglarse sin mano de obra contratada, ya que
              la cosecha de algodón requiere disponer de la mayor cantidad de manos posi-
              ble, pues todo retraso en la recolección significa pérdidas económicas. En tér-
              minos relativos, el mayor ingreso neto por cosecha siempre lo obtendrán las
              familias numerosas que pueden prescindir de mano de obra ajena para la reco-
              lección, dado que el salario que percibe el recolector reduce considerablemente
              el ingreso por hectárea. Por lo general, calculamos los gastos por tonelada de
              algodón, incluyendo el salario del recolector, en $150.- como mínimo, y ya men-
              cionamos que el producto de una tonelada por hectárea solo se obtiene cuando
              las condiciones son óptimas en todo sentido. Los colonos del Chaco tampoco
              fantaseamos con que el precio fabuloso de $500.- o semejante por tonelada,
              como el que por momentos se pagó en la cosecha pasada, podría llegar a ser
              permanente. Todos contamos con que en la próxima temporada tendremos que
              avenirnos a un precio que, en promedio, será bajo.
                 Con el sudor de la frente logramos extraer el oro blanco. Y este denuedo,
              esta lucha por lograr éxito abocándonos a un trabajo individual esmerado, escru-


              2    El verde de París, verde-París o verde de Schweinfurt (acetoarsenito de cobre) es uno de
              los primeros insecticidas de los que existe constancia. (Nota de la traductora: N.d.T.)
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