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92 ILSE VON RENTZELL
destellante claridad de la pradera, o bien lenguas de bosque largas y estrechas que
penetran la estepa de pastizales. A veces bosques más grandes y continuos rodean
un estanque, esconden una laguna o bordean las orillas de un río. Sin embargo,
anchas y estrechas franjas de estepas sin árboles, cubiertas solo de pastos bajos y
duros, siempre conducen a pampas estériles y sin bosques. La transición es abrupta.
Solo arbustos aislados de algarrobo o de vinal intentan penetrar en el campo.
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Donde las llanuras están cubiertas de vegetación baja, como en los tramos
más altos y con poca agua, es posible pasar a galope tendido, porque los millones
de termiteros, que se elevan aproximadamente un metro del suelo, pueden
rodearse. Es un placer galopar allí detrás de las chuñas , avutardas, imposibles de
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alcanzar ni con el caballo más rápido. Pero donde el campo se hunde apenas en
una hondonada poco profunda y la humedad del suelo empapa las raíces, los tallos
de esparto golpean al caballo y al jinete. Entonces se vuelve difícil avanzar. La
densidad de los pastizales, la altura y el filo cortante de la paja hacen que sea
imposible continuar cabalgando. El caballo se encabrita, da unos saltos erráticos,
se enreda las patas o tropieza con un hormiguero. Comienza a temblar y no quiere
avanzar ni retroceder. Entonces no queda más remedio que abrirse paso con el
machete o, si es época de sequía, prender fuego al campo. En las cercanías de
los límites de la estancia y de los cursos de los ríos, a la gente le gusta dejar esa
selva de pastos para protegerse de los ladrones de ganado. Inofensivos, estos
atrevidos maleantes merodean como cazadores, navegan los ríos en canoa y
aprovechan cualquier oportunidad para penetrar en las pampas, acercarse sigilo-
samente al ganado que pasta y así obtener de manera barata un jugoso asado.
Los bosques del sur del Chaco, las áreas coloniales, son particularmente
pobres. Víctimas de la sobreexplotación, a la que se los ha sometido y que ahora
sigue devorando como el fuego las áreas aún vírgenes del norte. Los quebrachos
y urundays aprovechables han desaparecido. Lo que aún puede encontrarse es
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bosque nuevo. Matorrales, un terrible revoltijo de espinas que le rasga a uno la
ropa y le desgarra la cara y las manos mientras recorre a caballo los estrechos
senderos que los animales han ido abriendo con el tiempo. Deben evitarse los
ceibos y el algarrobo , el palo borracho y el chañar , y sobre todo los arbus-
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tos de vinal, al igual que las palmeras jóvenes, que tienen curvas espinas falcifor-
mes en sus largos pecíolos. Todo tiene pinches. Un verdadero "rocín criollo"
7 vinal: Prosopis ruscifolia: vinal de Santiago de Estero. Árbol argentino de tres a siete metros
de altura, con espinas de hasta 30 cm de longitud, usado en carpintería (DRAE).
8 chuñas: de la familia de los cariámidos, son aves terrestres que corren en lugar de volar
(aunque pueden volar a poca distancia). Tienen cuello, cola y patas largas, solo las alas son
cortas, reflejando su estilo de vida. Son aves parduscas con crestas eréctiles, propias de
ambientes secos como el Chaco Seco, que viven en el bosque ralo o pastizales abiertos (DRAE).
9 Urunday: Astronium balansae. Árbol argentino de la familia de las anacardiáceas, que
alcanza 20 m de altura, de madera color rojo oscuro, que se emplea en ebanistería y en la
construcción de casas y buques (DRAE).
10 ceibo: calodendron crista galli (N.A.), o Erythrina crista-galli.
11 algarrobo: prosopis juliflora (N.A.).
12 palo borracho: choridis ventricosa (N.A.), o Chorisia speciosa.
13 chañar:gourliaeae decorticans o Geoffroea decorticans.(N.A.). En el texto aparece más
adelante el nombre latino entre paréntesis. Es un árbol de la familia de las papilionáceas,
espinoso, de corteza amarilla, y cuyas legumbres son dulces y comestibles (DRAE).

