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          para arañas y cucarachas. Pero si las paredes quedan bien selladas, uno perma-
          nece a salvo de esos molestos huéspedes durante varias semanas.
            A la viga central del techo, que debe ser dos metros más alta que las palme-
          ras horizontales que conectan los pilares de las esquinas, también se atan con
          alambre palmeras (cortadas a la mitad) a una distancia de cincuenta centímetros,
          cuyos extremos se apoyan en la estructura de las paredes. Las vigas del techo
          se unen y se sujetan con listones angostos de modo tal que se forme un entra-
          mado cuadrado parejo.
            Hay varias formas de cubrir los techos en la zona de Resistencia. Primero, con
          paja, paja mansa, pero no soporta las lluvias más de un año; segundo con chapa,
          pero es muy caluroso y no se puede usar sin una cubierta de paja; tercero con
          tejas, que para mí es lo más práctico y bonito. Las tejas están hechas con tallos
          de palmeras, partidos por la mitad. Se les quita la médula de fibra blanda, de modo
          que, dependiendo de la longitud del tronco, se forman canalones con forma de
          canaleta, de dos a cuatro metros de longitud. Después de haberlos dejado en agua
          durante un mes, resisten la penetración de la carcoma, brindando así un material
          de construcción duradero. Las tejas se disponen sobre el andamiaje del techo en
          la misma dirección que las vigas, en hileras apretadas, con la abertura en forma
          de canaleta hacia arriba, mientras que la segunda hilera de tejas se coloca encima.
          Pero la segunda se pone al revés, con la abertura hacia abajo, alcanzando desde
          el centro de una canaleta a otra, cubriendo así los intersticios de la primera hilera
          de tejas. Rara vez lloverá a través de esa clase de techo, a no ser que el viento
          mueva una teja. Es aireado y fresco. Además, en el borde del techo se forma un
          dibujo que siempre deleita la vista. Para la fabricación de las tejas, técnica que los
          indios dominan a la perfección, hay que pagar de 22 a 25 pesos por dos metros
          o dos metros y medio de longitud. Los costos de producción son más altos que
          con la chapa ondulada y son particularmente altos en áreas del Chaco Central,
          donde a menudo la palmera desaparece por completo.
            Terminado el techo, volvemos a las paredes. Ahora viene el uso práctico de la
          arcilla. El primer revoque es el más fácil. Se tira directamente sobre la estructura de
          madera, pero no se puede aplicar demasiado grueso. Una vez que se ha secado,
          se empieza con el segundo. Este sirve principalmente para cerrar los agujeros más
          grandes, que no quedaron cubiertos por el primero. Para la última capa, la arcilla se
          diluye un poco para moldear y eliminar todas las irregularidades con el pulpejo del
          pulgar. Llegado este punto, solo resta encalar las paredes y hacer el suelo.
            En la mayoría de los casos, las mujeres colonas tienen que prescindir de
          ambas cosas. Los costos de transporte de cal y ladrillos son demasiado eleva-
          dos. Es cierto que uno podría cocer por sí mismo los ladrillos, pero como es un
          trabajo que requiere tiempo y esfuerzo, además de que es bastante difícil de
          aprender y no produce ningún interés, se lo desestima como un despilfarro. Es
          más importante cercar la tierra comprada, protegerse de la pérdida de animales
          y trabajar la chacra.
            Nadie puede decir que un rancho parece confortable. Ni las personas que
          tienen debilidad por la cultura de la vivienda, ni mucho menos la pobre buena
          ama de casa, para la cual la limpieza y el orden son conceptos vitales, acostum-
          brada a pisar baldosas, linóleo o incluso suelos de parqué, educada para guar-
          dar cada cosa en un lugar protegido y no tolerar telarañas. Ni pensar en tener
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