Page 96 -
P. 96
94 ILSE VON RENTZELL
mente en grupos reducidos en las lindes del bosque, ocasionalmente en el campo
llano. Rodea particularmente de cerca las lagunas que se mantienen alejadas de
las inundaciones anuales cerca de los cauces de los ríos. De sus penachos salen
volando chillones loros verdes que se deleitan con la jugosa carne del corazón de
la palmera. Otra palmera, que, a diferencia de las hojas planas de la palmera de
cera, suele tener frondas de dos metros de largo, es muy escasa porque al ganado
le gusta comer los retoños jóvenes. Solo las he encontrado a veces en lo más
espeso del bosque, donde el ganado ya no puede penetrar. Es más habitual
verlas plantadas en parques y jardines de las ciudades del norte. Al ceibo, una
papilionácea cuyos racimos de flores de color coral son de una asombrosa belleza
en noviembre, también le encantan los estanques y las cuestas.
Al borde del camino se curvan bajos y redondos echinocactus, cuyos cálices
abiertos solo se pueden ver en las primeras horas del amanecer. A diferencia
de estos cactus erizo, el cactus columnar (Cereus giganteus ) alcanza la altura
21
de los árboles. Exótico y extraño, se destaca entre los árboles de hoja caduca.
Es en primavera, en octubre y noviembre, cuando el bosque del Chaco está
más hermoso. Cuando el chañar (Gourliaca decorticans) extiende su pelusa de
flores de color yema de huevo contra el radiante azul del cielo y despide un
aroma embriagador, cuando en las lindes del bosque las flores rosadas, teñidas
de púrpura, del lapacho (Tabebuia avellanedae Lorentz) flotan como nubes
22
matutinas, cuando en todas partes en las ramas de viejos algarrobos las espe-
cies de tillancia con flores púrpuras y blancas rosáceas flotan en sus lazos de
23
hojas, y las lianas con sus flores de color marfil rocían las copas de los árboles
enteras, entonces el bosque espinoso se vuelve atractivo. Pero ya en pleno
verano, y aún más en la sequía del invierno, ofrece un triste espectáculo.
El hombre de campo no ama el bosque. Le impide arrear el ganado, que aquí en
el norte todavía es salvaje y arisco. En un momento sin vigilancia, los animales se les
escapan a los arrieros, desapareciendo silenciosamente en el monte. Sobre todo los
que se han herido al rascarse contra el alambre de púas o están débiles a causa de
alguna enfermedad. Cuando uno advierte la ausencia del ganado enfermo, por lo
general ya no vuelve a encontrarlo. Entonces el tropero maldice el campo sucio.
La construcción del rancho
No es poca cosa hacerse una casa en medio del monte sin ser un arquitecto
calificado. Lo mejor que puede uno hacer es recurrir al vecino cuya cabaña
parezca más sólida, en busca de consejo y ayuda, por más que viva a varias
leguas de distancia. Justo al comienzo de la estadía construir una casa de pie-
dra es demasiado costoso para los colonos debido a las numerosas compras
de máquinas y animales, que son más importantes. Por eso también nosotros
nos construimos un "rancho", una cabaña de adobe.
21 O cardones (plural), Cereus giganteus.
22 lapacho: Tecoma Ipe (N.A.).
23 tillancia: clavel del aire.

