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          mente en grupos reducidos en las lindes del bosque, ocasionalmente en el campo
          llano. Rodea particularmente de cerca las lagunas que se mantienen alejadas de
          las inundaciones anuales cerca de los cauces de los ríos. De sus penachos salen
          volando chillones loros verdes que se deleitan con la jugosa carne del corazón de
          la palmera. Otra palmera, que, a diferencia de las hojas planas de la palmera de
          cera, suele tener frondas de dos metros de largo, es muy escasa porque al ganado
          le gusta comer los retoños jóvenes. Solo las he encontrado a veces en lo más
          espeso del bosque, donde el ganado ya no puede penetrar. Es más habitual
          verlas plantadas en parques y jardines de las ciudades del norte. Al ceibo, una
          papilionácea cuyos racimos de flores de color coral son de una asombrosa belleza
          en noviembre, también le encantan los estanques y las cuestas.
            Al borde del camino se curvan bajos y redondos echinocactus, cuyos cálices
          abiertos solo se pueden ver en las primeras horas del amanecer. A diferencia
          de estos cactus erizo, el cactus columnar (Cereus giganteus ) alcanza la altura
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          de los árboles. Exótico y extraño, se destaca entre los árboles de hoja caduca.
            Es en primavera, en octubre y noviembre, cuando el bosque del Chaco está
          más hermoso. Cuando el chañar (Gourliaca decorticans) extiende su pelusa de
          flores de color yema de huevo contra el radiante azul del cielo y despide un
          aroma embriagador, cuando en las lindes del bosque las flores rosadas, teñidas
          de púrpura, del lapacho  (Tabebuia avellanedae Lorentz) flotan como nubes
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          matutinas, cuando en todas partes en las ramas de viejos algarrobos las espe-
          cies de tillancia  con flores púrpuras y blancas rosáceas flotan en sus lazos de
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          hojas, y las lianas con sus flores de color marfil rocían las copas de los árboles
          enteras, entonces el bosque espinoso se vuelve atractivo. Pero ya en pleno
          verano, y aún más en la sequía del invierno, ofrece un triste espectáculo.
            El hombre de campo no ama el bosque. Le impide arrear el ganado, que aquí en
          el norte todavía es salvaje y arisco. En un momento sin vigilancia, los animales se les
          escapan a los arrieros, desapareciendo silenciosamente en el monte. Sobre todo los
          que se han herido al rascarse contra el alambre de púas o están débiles a causa de
          alguna enfermedad. Cuando uno advierte la ausencia del ganado enfermo, por lo
          general ya no vuelve a encontrarlo. Entonces el tropero maldice el campo sucio.


          La construcción del rancho

          No es poca cosa hacerse una casa en medio del monte sin ser un arquitecto
          calificado. Lo mejor que puede uno hacer es recurrir al vecino cuya cabaña
          parezca más sólida, en busca de consejo y ayuda, por más que viva a varias
          leguas de distancia. Justo al comienzo de la estadía construir una casa de pie-
          dra es demasiado costoso para los colonos debido a las numerosas compras
          de máquinas y animales, que son más importantes. Por eso también nosotros
          nos construimos un "rancho", una cabaña de adobe.



          21   O cardones (plural), Cereus giganteus.
          22   lapacho: Tecoma Ipe (N.A.).
          23   tillancia: clavel del aire.
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