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LA CONSTRUCCIÓN DEL RANCHO 95
Lo primero que hay que hacer es talar en el monte las palmeras más rectas y
quebrachos fuertes. Las palmeras sirven para la estructura de las paredes y las
vigas del techo, los quebrachos, como pilares esquineros y soportes del frente.
Los bueyes los acarrean con cadenas desde el monte hasta el lote, cosa que
demora muchos días. Mientras un hombre se ocupa de ese trabajo, otros traen
tierra buena, negra, que es preciso aflojar de las raíces, en carretas tiradas por
bueyes. Eso demuestra cuántos bueyes se necesitan para poder trabajar bien. No
sirve de nada pedirlos prestados, porque justo cuando uno está haciendo el trabajo
más importante, el dueño se los lleva porque los necesita. Entonces hay que dete-
ner la construcción quién sabe por cuánto tiempo. Es más prudente conformarse
con un rancho, pero disponer de suficientes bueyes mansos para la agricultura.
Debajo de la tierra que se está trayendo hay que tirar un carro lleno de estiércol
de vaca fresco cada dos carretadas. Y también cenizas de madera limpias que
habrá recogido el ama de casa. Así puede uno confiar en obtener la firmeza ade-
cuada para un revoque duradero. Se necesitan de veinte a cuarenta carretas de
tierra, dependiendo del tamaño de la construcción. Alrededor de la tierra aca-
rreada, para poder partirla bien y mezclarla con el estiércol, se hace un cobertizo
de leña bajo. Un peón trae todo el tiempo agua y la vierte encima. Se necesitan
seiscientos o setecientos litros. Otro peón está parado con los pantalones arre-
mangados en el "barro". Tiene una gruesa costra de tierra pegada en las piernas.
Una vez que la tierra está repartida y el agua ha penetrado por todas partes, se
ensilla un caballo fuerte y se lo hace amasar el barro durante varias horas. A eso
se le llama pisotear. Si se hace una construcción más grande, lo mejor es cercar
enseguida esa masa resbaladiza y hacer dar vueltas en círculos a una tropa, una
manada de animales, hasta que no queden terrones duros y el barro esté maleable
aunque espeso. Cubierto con una capa de agua, debe reposar unos días antes
de poder usarlo. No hay que pensar que se trata de un revoque fácil de hacer.
Nosotros habíamos mirado bien cómo lo había hecho todo don José, pero este
revoque tiene sus secretos, igual que la masa de un sabroso pastel. Después,
cuando hicimos nuestro propio barro para reparar el cobertizo, resultó un completo
desastre y no se pudo usar. No se adhería, se le hicieron grietas y se caía.
Mientras la arcilla descansa, se nivela el espacio reservado para la casa, se
entierran los pilares de las esquinas y los postes centrales, y se levanta la palmera
más recta y más larga como viga central para el techo. Este es un trabajo duro,
porque los troncos de las palmeras son increíblemente pesados. Los pilares de
las esquinas también se unen con palmeras de una punta a la otra y se conectan
entre sí con alambres. Después de esto, se puede iniciar la instalación de la
estructura de las paredes. Palmeras a la mitad se entierran una al lado de la otra
a un metro de profundidad, en línea recta de un poste de la esquina a otro. Donde
está previsto hacer ventanas y puertas, en lugar de la estructura de las paredes
se insertan postes de quebracho firmes, en los que posteriormente se enquician
los marcos correspondientes. La estructura de palmeras terminada se clava bien
horizontalmente con ramas lo más rectas y delgadas posible, para que el primer
revoque de barro quede mejor pegado. Pero antes de empezar con el revoque,
es mejor terminar el techo. Si se construyen las paredes de arcilla y recién después
se comienza a trabajar en el techo, las paredes se agrietan enseguida por la fuerte
presión de los trabajadores en movimiento, ofreciendo espléndidos escondrijos

