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98 ILSE VON RENTZELL
Sin embargo, nuestro rancho causa una profunda impresión en los nativos
porque está encalado, y en todas partes lo conocen como "Casa Blanca".
Lecho nocturno
El aire es pesado y denso en el rancho bajo. A pesar de que el sol ya se ha
puesto y la noche ha caído sin ocaso sobre el paisaje, ni la más mínima brisa
refresca la habitación. Con la desaparición de la luz del sol, ha comenzado el
concierto de mosquitos en la casa. Al igual que en el entramado del bosque, los
suaves sonidos vibran hacia arriba y hacia abajo. Cuanto más se envuelva uno,
más se librará de las picaduras. Las piernas están metidas en bolsas. La cara y
las manos las tengo en constante movimiento defensivo. Imposible escribir una
carta, concentrarse en una idea o enfrascarse en un libro. Tengo que escapar.
El lugar más seguro es la cama, debajo del mosquitero.
Si uno ha metido la red de tul de malla fina debajo del colchón por todas
partes, poniendo empeño en no dejar ninguna abertura y además ha cazado a
los villanos dentro del mosquitero, puede disfrutar del descanso y leer un rato a
la luz de la lámpara. La puerta está abierta de par en par, pero aun así no entra
el fresco de la noche. Solo las polillas vuelan continuamente hacia la luz, dibu-
jando círculos cada vez más pequeños alrededor de la llama amarilla en su
zigzag, hasta que el ardor sibilante paraliza sus alas y caen sobre la mesa. Hasta
un mamboretá verde claro, similar a la mantis religiosa europea, se consume
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a la luz. La inquietud de los insectos aleja los pensamientos, es terrible observar
su estupidez. Rápidamente apago la luz. Justo a tiempo para salvar a un bajo
profundo que acaba de entrar zumbando y se da la cabeza contra la pared. Es
un ruido breve y estridente, seguido de un silencio en que se aguza el oído, hasta
que vuelve a gatear, toma impulso para salir volando y golpearse la cabeza
contra otra pared. ¿No es ridículo el parecido con nuestros propios destinos?
Luego se hace silencio. Tanto silencio que se escucha respirar la oscuridad, que
me ronda a hurtadillas como un ser vivo y se sienta pesadamente sobre mi
pecho. Apenas puedo respirar. El bochorno se vuelve insoportable. Hace rato
que me quité el camisón y aparté la sábana, pero el sudor me empieza a correr
por el cuello, baja por el pecho y se acumula en mi espalda. No hay quien lo
aguante.
Sin vacilar, me levanto de la cama de un salto, tiro las sábanas y el colchón
sobre la silla más cercana y arrastro el catre hasta el patio. ¡Qué maravillosa y
clara noche estrellada! El aire es más ligero, aunque no más fresco. En un segundo
tiendo la cama, el mosquitero colgado de la parra. Ahora sí voy a dormir.
Cierro los ojos e imagino que desciendo a un pozo profundo, cada vez más
profundo, hasta que todo está completamente oscuro, se disipan los pensa-
mientos perturbadores, se apaga la conciencia y me invade el sueño. ¡Qué dicha
en la obra de Hafiz con comentarios. Aquí la autora se refiere al poeta tal como lo refleja la
obra de Goethe.
25 mamboretá: un tipo de mantis, insecto grande y delgado de color verde, que suele apa-
recer solo.

