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EL ORO BLANCO 101
prueban el excesivo agotamiento del cuerpo. Cada día, el trabajo progresa más
lentamente. El suelo, cuyos terrones arcillosos ya no se parten y parecen
cemento, se vuelve cada vez más duro. En los lugares donde la tierra blanca se
destaca claramente como una mancha de la tierra buena, ya no penetra el arado.
Salta fuera del surco y resbala, cortando la tierra como un cuchillo. Cada vez
más rápido, la reja del arado se desgasta y es preciso afilarla a diario. Sin
embargo, no hay que cejar en la labranza: cuanto mejor se labre la tierra, mayo-
res serán las garantías de una buena cosecha. A finales de septiembre o prin-
cipios de octubre debe estar todo listo para la siembra. Se supone que octubre
es el mes que trae las cálidas lluvias de primavera. Pero en los últimos años, con
excepción de la primavera de 1928, cuando se observó un gran cambio en la
cantidad de precipitaciones, algunas colonias tuvieron que esperar uno o dos
meses para sembrar. De antemano, eso supone una pérdida de la mitad del
rendimiento del cultivo. Es necesario haber vivido alguna vez esta espera de las
primeras lluvias para poder comprender hasta qué punto consume los nervios.
Como muchos que, abatidos por las malas cosechas del año anterior, no eran
capaces de tener la paciencia necesaria y confiaban sus semillas a la tierra a
pesar de la sequía. El éxito enseguida se hace evidente. Las semillas germinan.
Pero apenas asoman de la tierra las primeras puntas de las hojas, se queman
por falta de humedad. Entonces hay que volver a comprar semillas... El que
conoce las circunstancias entiende la impaciencia de esta gente. Casi todos los
colonos basan su nueva existencia solo en este producto. Si no obtienen bene-
ficios, se habrá perdido un año de trabajo, un año de esfuerzo, mucho dinero y
gran parte de libertad.
Si ha habidodo una cantidad suficiente de humedad, es necesario trabajar
con gran rapidez para aprovechar la totalidad de las precipitaciones. El primer
día después de la siembra comienza la principal temporada de trabajo para los
colonos: el control de las malezas. El deshierbe, aunque se lleve a cabo con la
mayor tenacidad, difícilmente pueda afrontarse sin ayudantes remunerados. Las
abundantes lluvias de la primavera son la causa de ese enorme crecimiento.
Cuando el peón todavía está ocupado en las últimas filas, el yuco colorado ya
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vuelve a destrozar en las primeras filas limpias las plantas de algodón, el tragus
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atrofia su crecimiento. El colono no descansa un momento. Vive literalmente
acosado por los yuyos que crecen con gran rapidez. Es como una carrera entre
los humanos y las malezas. No olvidemos la temperatura que azota la región.
Mantener indios cavando, para quienes esta temperatura nunca es tan perjudi-
cial como para el alemán inmigrante, es algo que muy pocos son capaces de
lograr a causa de las cosechas de los últimos años, inferiores al promedio.
Alemanes, rusos, suizos están expuestos a una temperatura agotadora durante
días, semanas e incluso todo el año. Sus excelentes hábitos de vida, su inten-
sidad de trabajo y la tenacidad de su voluntad para superar las circunstancias
27 yuco colorado: yuco es una especie de Mamey, árbol perenne americano, de gran tamaño,
hasta 50 m., con copa ancha, solo crece en clima tropical. Tiene frutos comestibles después
de cocción. Aquí sin embargo la autora parecería referirse a otra planta, una maleza que
estorba el crecimiento del algodón.
28 tragus: un tipo de pasto.

