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UN PARTO EN EL CAMPO                     105



                 Para las pequeñas empresas, las condiciones en el Chaco son absoluta-
              mente desfavorables. La incertidumbre de la existencia, exacerbada por las
              fluctuaciones climáticas de pronunciada irregularidad e imprevisibilidad, dismi-
              nuiría tan pronto como se llevaran a cabo las obras hidráulicas que irrigaran las
              áreas apropiadas. Si hubiese represas que contuvieran las inmensas masas de
              agua que amenazan las zonas ribereñas cada año, no solo se evitarían las inun-
              daciones anuales, que, como ocurrió este año nuevamente, destruyen tantos
              cultivos. También se podrían reducir finalmente los efectos de la sequía y, por lo
              tanto, eliminar uno de los peores factores que amenazan las plantaciones. Dado
              que la tierra del Chaco es en parte excelente, como lo demuestra el hecho de
              que el algodón se puede plantar seis o incluso siete veces seguidas, sin tener
              que dejar descansar o fertilizar el suelo, se podría ir más allá de los simples
              cultivos de algodón. Se podría hacer mucho para mejorar la calidad de vida. Si
              el riego garantizara un mayor rendimiento de los cultivos, los nativos podrían ser
              contratados para la época más calurosa. Se podrían ahorrar muchas angustias
              a los colonos, y se lograría un lento progreso. ¡Cuántas riquezas se generarían
              para el país si se pudiera evaluar la riqueza hidráulica del Paraná!
                 Pero hasta que no se construyan las represas del Paraná y del Bermejo, se
              verán defraudadas las esperanzas de mucha más gente que va al Chaco con la
              voluntad de asegurar el sustento de sus familias. Durante muchos años aún
              seguiremos cabalgando por asentamientos donde chacras abandonadas y ran-
              chos derrumbados dan cuenta de la desgracia de las malas cosechas y la huida
              de las familias empobrecidas.


              Un parto en el campo

              Vicente está en la puerta y me pide en nombre de su mujer que vaya a su cabaña.
              A Vicente le gusta darse aires de capataz, porque es un poco más astuto que
              los demás peones. Vive cerca de nosotros. Sé lo que significa su invitación. Su
              esposa está con dolores de parto, y la madama, como le llaman aquí a la partera,
              aún no ha llegado. Vicente se cuenta entre la gente bien, por eso debe prestar
              un poco de atención al evento que se avecina, más de lo que es habitual entre
              estas personas humildes. Asiento con la cabeza y escucho cómo resuenan los
              pasos en la distancia.
                 Luego rebusco por mi habitación sin saber qué hacer. Nunca he asistido un
              parto. Me siento angustiada. Pero, por supuesto, tengo que ir, no puedo dejar
              a la mujer en la estacada. Tomo pastillas de sublimado , algodón y el frasquito
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              de agua de colonia. Sé lo ridículo que es eso, pero el buen olor, estoy segura,
              hará efecto en una india tan simple. En la cocina encuentro una jarra con agua
              hirviendo. Con todo eso me dirijo a la cabaña.




              30   pastillas de sublimado: pastillas de olor que pasan directamente del estado sólido al estado
              gaseoso sin que tenga que pasar por el estado líquido. En principio es una sustancia muy
              tóxica basada en mercurio, que sirve para esterilizar. Aquí se trata de una sustancia desinfec-
              tante o esterilizante que se disuelve en agua.
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