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18         ESTEBAN BUCH, GERMÁN FRIEDMANN Y ROBERT KELZ



           me dice sí, sí, lo cual era una mentira para negar su pertenencia a las SS. Así
           que la respuesta a tu pregunta es no, yo no entendí la importancia que podía
           tener ese episodio desde el punto de vista legal, aun si lo que me dijo me
           pareció grave y signifi cativo, y me estimuló para seguir investigando sobre él.
              Así, gracias a un contacto en Bélgica, conseguí un documento que cir-
           culaba en aquel momento en ambientes diplomáticos, y que resumía su
           legajo personal del Centro de Documentación de Berlín, al cual yo no podía
           tener acceso directo. Ese informe fue importante para mi trabajo porque sí
           aparecía allí su pertenencia a las SS, junto con cosas aún más graves, una
           supuesta colaboración con Eichmann y la Solución fi nal, y una relación per-
           sonal con Himmler, que resultaron incorrectas. En cambio, no mencionaba
           lo de las Fosas Ardeatinas, y en ese sentido me indujo en error, distrayendo
           mi atención de lo que Priebke había hecho en Roma. Cuando poco antes
           de la salida de mi libro, ese mismo resumen de su legajo llegó a manos de
           la justicia alemana e italiana por intermedio de Serge Klarsfeld y Simon Wie-
           senthal, eso no tuvo ninguna consecuencia para Priebke. No sólo porque
           algunos de esos datos eran inexactos, sino porque no se lo acusaba de
           ningún crimen específi co por el que pudiera juzgárselo.
              Por eso fue tan importante lo que me dijo él mismo en la entrevista. La
           clave del caso Priebke es que ese día en que habló conmigo el viejo nazi se
           fue de boca, se entregó a sí mismo al hablar de más en mi presencia. Así yo
           pude hacer de él un retrato que, aun siendo también parcialmente inexacto,
           por lo de Eichmann y Himmler, decía dos cosas verdaderas, graves, y no-
           vedosas: que el presidente de la Asociación Cultural Germano Argentina de
           Bariloche era un SS, y que había participado en la masacre de Roma. Esos
           son los datos clave que en marzo de 1994 van a llamar la atención de Silvia
           Dalila Herbst y Harry Philipps, el equipo de ABC, quienes en los días siguien-
           tes van a confi rmar y precisar la información con fuentes europeas, antes de
           enviarlo a Donaldson a Bariloche. Por eso yo digo en el libro que no quiero
           atribuirme méritos exagerados, y que solo reivindico haber hecho mi parte, ni
           más ni menos, en el trabajo colectivo que llevó a su extradición y su condena.

              Robert Kelz:  Una de las muchas razones por las que se trata de
           una historia tan fascinante es la implicación interconectada de actores
           internacionales y muy conocidos, incluso célebres, como Serge Klarsfeld,
           Sam Donaldson de ABC News y el Centro Simon Wiesenthal. De hecho, los
           distintos participantes componen una red que se extiende desde Argentina
           hasta Europa y Norteamérica. Todos comparten el objetivo de llevar a
           Priebke ante la justicia, pero también persiguen sus propias agendas, no
           pocas veces divergentes, como la autopromoción. Quizá el ejemplo más
           obvio es Sam Donaldson, que reclamó elogios para ABC News declarando
           que Priebke había eludido a la justicia casi medio siglo hasta que, en sus
           palabras: “We found him”.
              Una consecuencia de esta autopromoción fue que durante décadas se
           pasó por alto el papel vital de tu libro, El pintor de la Suiza argentina. Como
           acabas de decir, Esteban, la única prueba procesable contra Priebke pro-
           cede del tercer capítulo, “Los dinosaurios”, que narra su autoinculpación
           involuntaria por la Masacre de Roma. De lo contrario, bien podría haber
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