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           Recrear los pactos

           Ricardo Piglia describió la producción de fi cciones desde el Estado durante
           la última dictadura cívico-militar, que la lectura de los medios de la época
           no hace sino confi rmar (Piglia 2013); se trata de un rasgo que compar-
           tió con el nazismo, como lo analiza Viktor Klemperer en su extraordinario
           Lingua Tertii Imperio (1998). La liberación de los discursos en el espacio
           público no acabó, sin embargo, con el sentimiento de vivir entre varias pos-
           tulaciones de la realidad, y la impresión de irrealidad que esto trae como
           consecuencia. En el terreno de la literatura y de la escritura, dio lugar a
           obras como las mencionadas, en las cuáles el pacto inicial de lectura no es
           claramente identifi cable, o en las que el pacto previo de lectura es modifi -
           cado o borroneado a medida que avanza la lectura.
              Esto nos lleva a postular la pregunta: ¿qué pacto proponía El pintor de
           la Suiza argentina en 1991? Y ¿qué pacto nos propone hoy en su reedición?
           Un pacto determina el modo en que los lectores se posicionan respecto de
           una experiencia ya existente, es decir con relación a un sistema literario;
           los pactos, sin embargo, como lo recuerda Jean—Claude Passeron, evo-
           lucionan: una de las características del modo en que han evolucionado las
           formas modernas de arte viene del hecho de haber vuelto más numerosas
           e imperiosas las condiciones en que podemos establecer un pacto literario
           (1987). En la actualidad, el posicionamiento respecto de un sistema literario
           depende menos de la experiencia escolar que de las redes vinculadas a la
           edición y difusión de la literatura, así como de las redes sociales: los pactos
           de lectura dependen del “paratexto” (Genette 1987), del contexto editorial
           y del contexto de recepción, compuesto de sitios editoriales, artículos de
           prensa y comentarios que circulan dentro de una comunidad. El conjunto
           prepara y anticipa la lectura (Louis 2014, 2018).
              El análisis de estas diversas instancias lleva a afi rmar que en su edición
           de 2024 El pintor de la Suiza Argentina es una obra diferente de la que era
           en su edición de 1991. En efecto, el contexto editorial transforma la primera
           edición en un documento: el subtítulo “Historia de un libro sobre los nazis
           de Bariloche”, la inserción de la tapa original en la nueva, los dos textos que
           enmarcan el relato original determinan su identidad en tanto libro. Se opone
           así a la recepción y lectura de la primera edición, que resituaba la obra en
           un contexto literario, y subrayaba un modo narrativo que la posicionaba
           entre fi cción y no fi cción, no porque su contenido fuera fi ccional, sino por
           la estructura narrativa adoptada. A medida que la lectura avanza, sin em-
           bargo, la estructura del libro y los movimientos del relato van proponiendo
           nuevos pactos, y acercando la experiencia del lector a la lectura de una
           novela. Por eso, señala Osvaldo Bayer en su carta al autor, reproducida
           en la contratapa de la primera edición, el modo narrativo adoptado reenvía
           a la novela: “Tu libro despertó mi interés desde las primeras líneas. Se lee
           como una novela y tiene más médula que una novela.” Buch recuerda en
           2024 que la recepción se centró, en 1991, en esta tensión entre la condena
           moral del nazismo y el interés estético por el pintor, y determinó que el libro
           fuera recibido como una novela, y Buch fuera entonces incorporado a una
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