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RECUERDOS DE MI NIÑEZ Y JUVENTUD 25
Ud. casada?" Yo la miré asombrada y negué con la cabeza. Entonces ella me dijo:
"Si Ud. ha tenido una criatura, no lo debería contar", y yo le dije: "¿Por qué?, mi
madre ha tenido un varoncito y me lo regaló porque dice que ella ya es vieja."
Muy poco tiempo me duró esta felicidad. Su muerte fue mi primer gran dolor;
junto con Lanz llevamos su féretro al cementerio.
Mientras tanto llegué a la edad de prepararme para mi confirmación, y como
los tíos Gervinus no tenían hijos, volví a casa de ellos en Heidelberg, donde el
Pastor Zittel -un pastor librepensador- me instruyó en religión. Yo iba con mucho
gusto a las clases de religión y él me enseñó que "Cualquier religión, sea cris-
tiana, budista, etc., etc., es buena y bien vista por Dios, pero hay que obedecer
sus mandamientos."
Los Gervinus vivían en un piso de la "Villa Fallenstein" y durante mi estadía con
ellos pasé momentos muy agradables, pero también algunos tristes. La familia
Fallenstein tenía dos hijas de mi edad, con quienes jugaba en el tiempo libre; estas
dos alegres chicas que se trepaban a los árboles en el parque para cortar fruta y
me inducían a hacer lo mismo. Pero mis finos vestidos venecianos no aguantaban
este maltrato y se rompieron; por eso mi tía me retó y yo lloré amargamente. Pero
Tío le dijo: "Cómprale otros vestidos más fuertes", y así pude trepar.
Mis tíos tenían un círculo de amigos, ocho señores y ocho señoras, que se
reunían dos veces a la semana, en su hogar, para ensayar canciones de varias
voces. Tío había traducido el Mesías de Händel del inglés al alemán y muchas
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veces me llamaba para tomar parte en los ensayos, especialmente en el Aleluya,
ya que yo podía cantar leyendo directamente la música. Naturalmente no podía
cantar mucho porque estaba en la edad del desarrollo. Cuando el Mesías estuvo
bien ensayado, alquiló mi tío un pequeño salón en la Universidad e invitó a sus
amigos a la representación. Fue la primera vez que se ejecutó en Alemania el
Mesías acompañado de orquesta. Ahora también aquí en la Argentina, la patria
de mis hijos, en su más importante teatro, el Colón, fue cantado el Mesías por
un imponente coro de cantantes alemanes, lo que me ha producido mucho
placer poder vivir. Mi tío Gervinus ha traducido todas las obras de Händel, can-
tos y óperas, del inglés al alemán.
Ese año tía me regaló para Navidad una casa de muñecas, con cuatro venta-
nitas con sus cortinitas; sobre el sofá y las sillas había muñecas vestidas que
representaban a mi padrastro, a mi madre y a mis hermanitos, generitos para que
les hiciera la ropita, etc. Mi tía se preocupó mucho para que les cosiera bien los
vestidos. Era muy exagerada en todas sus cosas y se preocupaba mucho cuando
al entrar en mi habitación, veía una prenda de vestir que no estaba en su lugar,
tanto que yo pensaba que jamás la podría conformar. Entonces me refugiaba al
lado del tío, que me ponía la cabeza en sus rodillas y decía tranquilizándome:
"Vamos a ver cómo solucionamos esto". Otra vez pasé por la cocina y me dijo la
cocinera: "Mire niña qué rica salsa hice", a lo que le contesté: "Yo también puedo
hacerla". Esta se lo contó ella a mi tía, la que pensó que yo lo había dicho por
petulancia y me retó mucho, haciéndome llorar amargamente. Cuando aparecí en
la mesa con los ojos colorados de llorar me preguntó mi tío qué me había pasado.
25 Véase antes, sobre la ocupación de Gervinus con Händel, la nota 11.

