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28                 ALWINA PHILIPPI DE KAMMERATH



            Mi padrastro estuvo conforme con nuestro compromiso, pero opinó que los
          hombres debían ir al Brasil a labrarse un porvenir. En ese tiempo todos soñaban
          con ese hermoso país, y además pensó que nosotros sufriríamos mucho en
          Alemania con la diferencia de clase.
            Lanz era un mujeriego impenitente y cerca de él no estaba segura ninguna
          muchacha. Mi madre sufría mucho por esto y pensó que una separación sería
          buena para que él volviera a la cordura. Como yo dirigía bien la casa y mis her-
          manitos me querían mucho, mi madre resolvió viajar a Río Grande do Sul con
          Luis y Karl. Lanz dio su palabra de honor que todo marcharía bien. Apenas
          partió mi madre, tomó Lanz una gobernanta para los chicos, a la que hizo ense-
          guida su amante. Como yo no podía tolerar esto, me fui con mi futura cuñada
          Sofía a su casa en la Selva Negra. Allí me sentí muy feliz. Íbamos con otras
          chicas al bosque, a los prados, traíamos el heno a la casa, lo que me causaba
          mucha gracia. Esta vida de campo con su paz y tranquilidad me agradó mucho
          y me quedé largo tiempo allí.
            Un día fuimos con Sofía a una adivinadora, vestidas muy sencillamente,
          y ésta le dijo: "Ud. va a hacer un largo viaje por mar, se casará pronto, no va a
          tener hijos y después de un tiempo regresará." A mí también me dijo que iba
          a hacer una travesía, luego me casaría y tendría muchos hijos. Si uno debe creer
          o no en estas tonterías, no lo sé, pero la verdad es que todo eso sucedió.
            Un día recibí carta de un señor Wiedemann , que me escribía para saber
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          dónde me podría entrevistar, pues había prometido a mi novio llevarle noticias
          mías. Yo le contesté que podía verme determinado día en mi casa de la Eber-
          hardstrasse en Stuttgart; con ese motivo viajé enseguida para allí. El señor
          Wiedemann me trajo una carta de Luis en donde me decía que éste me conta-
          ría lo hermoso que era Porto Alegre y que ganaba lo suficiente para formar una
          familia. Wiedemann me dijo que se alegraría si yo viajaba, pues así Luis se
          asentaría más. Al mirarlo yo con asombro, pues no lo había entendido, me dijo
          que los alemanes que no se casaban con las portuguesas deseaban que llega-
          ran chicas alemanas. En ese tiempo no era fácil que chicas alemanas serias
          viajaran a tan lejano y extraño país, de manera que con frecuencia mandaban
          chicas de dudosa reputación, que luego se volvían honorables y buenas espo-
          sas, que cuidaban de sus maridos y tenían hijos a montones, que eran atendidos
          por los esclavos. Los matrimonios salían los días lindos a cabalgar a la montaña
          y Luis iba muchas veces con ellos. "Su novio", me dijo, "es un artista y lo llaman
          con frecuencia del palacio de Don Pedro II para dorar muchas cosas; cuando
          yo vuelva quiero hacerlo mi socio." También me contó que había un lindo club,
          donde se cantaba y bailaba como en Alemania y en el que podíamos hacernos


          34    Heinrich Richard Emil Wiedemann (1829 Hanau – 1907 Porto Aletre), fue litógrafo. En 1856
          compró en Porto Alegre una empresa tipográfica que llamó Tipografía Imperial, que, según
          datos del Instituto Martius Staden en São Paulo realizaba impresos paisajísticos de Río Grande
          do Sul. Junto con otros inmigrantes alemanes fundó en 1861 en Porto Alegre el diario Deut-
          sche Zeitung que desde 1864 hasta 1881 fue dirigido por Karl von Koseritz y se mantuvo hasta
          1917. Wiedemann pertenecía al consejo ejecutivo de este periódico. Agradecemos al Archivo
          Martius Staden algunos datos sobre su actuación. Adicionalmente, en Genealogía RS 2017,
          II: 490-494 se encuentran datos sobre la familia Wiedemann, incluyendo a la hermana Berta
          que viajó con Alwina Philippi a Porto Alegre.  
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