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RECUERDOS DE MI NIÑEZ Y JUVENTUD 31
vivía en Río Grande. Cuando supo que nosotros éramos alemanes, nos buscó
y me dijo que si yo allí no tenía muchos alumnos podría ir con él y su hija Con-
cepción, que tenía mi edad, a Pelotas, donde solamente había un profesor de
música, de manera que yo podría tener muchos alumnos. Fui con ellos a Pelotas
y en poco tiempo conseguí ocho alumnos. Luis todos los días, cuando iba a su
trabajo, pasaba por la vereda frente a nuestra casa… yo estaba sentada en la
ventana y lo saludaba. Según la costumbre de aquel tiempo, él no podía entrar
en mi casa, así que no podíamos hablar. Un día vino Karl, que había vendido su
parte en la colonia, me buscó y nos encontramos con Luis fuera de la ciudad,
y así pudimos conversar después de tanto tiempo. Me contó que había recibido
de Wiedemann una carta en la que le ofrecía un empleo seguro en Río de Janeiro
en su negocio, igual al de Río Grande donde él había trabajado. Me dijo también
que en cuanto terminara unos trabajos viajaría a Río de Janeiro, pero que visi-
taría primero a mi madre en Río Grande do Sul. Así lo hizo, y cuando llegó junto
a mi madre, ella se dio cuenta que no caminaba muy bien y que tenía el pie
hinchado. Tuvieron que cortarle el botín. En Pelotas, antes de partir, el obrero
encargado no había hecho el engrudo y lo tuvo que hacer él mismo; se le
derramó hirviendo en un pie y, sin decir nada a nadie, se calzó el botín. Mi madre
lo cuidó y me escribió que volviera para casarme con Luis, que seguramente
me haría muy feliz. Me despedí de mis alumnos y fui a Río Grande. Allí nos casó
el Cónsul Löffel y viajamos a Río de Janeiro. Un amigo de Luis nos había alqui-
lado una vivienda muy agradable, cerca del tanque de agua corriente que reci-
bía el agua de una vertiente en la montaña y era la mejor para beber. En Río de
Janeiro, en mi propio hogar, pasé el tiempo más hermoso de mi vida. ¡Qué lindo
era cuando con Luis, después de su trabajo, salíamos a pasear por la playa y
me juntaba pequeños caracoles, los que guardé siempre como recuerdo y recién
ahora pegué en pequeñas cajitas que destiné a mis hijos. Después nació nues-
tra primera hijita y fuimos tan felices. Mientras tanto comenzó una epidemia de
fiebre amarilla que se llevó a muchos miles de personas. Luis le pidió a un amigo
en Buenos Aires que le consiguiera un trabajo en lo de Kurt . Así pues viajamos
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a Buenos Aires y nuestra Berta cumplió seis semanas cuando justamente llegá-
bamos a Montevideo, lo que yo consideré un signo de buena suerte. Nosotros
viajamos en un buque de pasajeros inglés y los muebles venían en uno de carga.
Este último se hundió delante de Montevideo a causa de un gran temporal y
nosotros perdimos todas nuestras hermosas cosas que yo había traído de Ale-
mania. Todos mis recuerdos, todas mis hermosas muñecas que iban a ser para
Berta, todos los recuerdos de familia tan valiosos, todo, todo.
Luis se hizo cargo de su puesto en la imprenta y vivimos allí mismo, en una
habitación . Muebles casi no teníamos y nos acostábamos sobre bolsas de
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37 Debe referirse a Heinrich Curth, librero o impresor que hacia ese tiempo fue uno de los
primeros editores de diarios en idioma alemán de Buenos Aires. En 1865 fundó el Deutsche
Zeitung am Río de La Plata, después editado por Richard Napp y más tarde por Alejandro
Korn. En 1869 Curth fundó el Deutsches Familienblatt, un periódico que solo salió en ese año.
Deberán investigarse las actividades de Curth, en la época a que se refiere la autora.
38 Esta estadía en Buenos Aires duró lo que quedaba el año de 1865, ya que la hijita fue
bautizada en esta ciudad en enero de 1866.

