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34                 ALWINA PHILIPPI DE KAMMERATH



          la hermosa estadía. Al cabo de ese tiempo quiso la señora von Post enviar un
          tercer chasqui; yo me di cuenta cuál era la razón de todo esto, así que le pregunté
          si le agradaría que le dejara por un tiempo a Berta, a lo que me contestó: "Si
          eres capaz de hacer eso por amor a mí, toda la vida te lo agradeceré", lo que
          realmente cumplió hasta el fin de su vida. La alegría fue muy grande para Felipe,
          y así volví a Rosario con mi pequeña Mariechen, con el corazón apenado al dejar
          a mi hijita mayor, pero plenamente convencida de haber obrado bien.
            Por esa época se declaró la guerra entre la Argentina y Paraguay . Fue época
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          favorable para la venta de libros . Como Luis tenía crédito en el Banco, pudo
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          comprar buena cantidad de libros y viajó a Buenos Aires con ese objeto. Allí por
          poco lo toman los hombres que hacían la "leva" en las calles y los conducían a
          un buque de guerra. Se dio cuenta a tiempo y se refugió en la Embajada
          Sueca . El Embajador hizo acompañar a Luis hasta el barco que debía tomar
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          para Rosario, con dos empleados, y por poco lo pierde. Como en Buenos Aires
          se había declarado una epidemia de cólera, los pasajeros para Rosario fueron
          dejados en cuarentena en una isla. Nosotros teníamos un muy buen amigo,
          Meyer, que trabajaba en Demarchi  y que durante la ausencia de Luis colocó
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          los postigos de hierro en las ventanas. Un carpintero alemán, Holz, debía traer
          unas tablas para hacer una estantería para los nuevos libros. Lo esperé en vano.
          En cambio llegó Meyer, vestido de negro. Cuando le dije que Holz no había
          venido, me dijo: "Vengo del cementerio, lo acabamos de enterrar". Todavía la
          noche anterior nos había dicho que no tuviéramos miedo del cólera, que no
          comiéramos verduras, que él había estado dos años en Constantinopla, donde
          reinaba el cólera, y no le había pasado nada. Por eso me afectó tanto la noticia.
          Al declararse también el cólera en Rosario , pudo regresar Luis, pues les levan-
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          taron la cuarentena. También se propagó el cólera por el campo, y como enfer-
          mara un peón de los Bleek-von Post, resolvieron mandarnos a Berta con el
          mayordomo.







          50    La Guerra del Paraguay ocurrió entre noviembre de 1864 y marzo de 1870. Después de
          trabajar una temporada en la imprenta de Curth y de bautizada la hija el 19/1/1866, los Kamme-
          rath deben haber llegado a Rosario en 1866, cuando ya la guerra estaba en pleno desarrollo.
          51    Elsner confirma la prosperidad que reinaba para el comercio durante la Guerra del Para-
          guay en Rosario, según él "llovía dinero" en ese tiempo (1932: 28). En 1863 el Congreso
          nacional había dispuesto que las provincias podían autorizar bancos de misión. En Rosario se
          instaló primero el Banco de Londres, Buenos Aires y Río de la Plata, y como segundo, el Banco
          de la provincia de Santa Fé y seguían otros bancos. El Banco de la Provincia fue instalado por
          Segismundo Beyfuss, representante de una sociedad de banqueros en Francfort, y diez años
          más tarde, en la crisis de los bancos, lo dirigía Luis Behn, otro alemán (véase Álvarez 1943:
          403; 447-49).
          52    Embajada sueca en Buenos Aires. Las relaciones diplomáticas entre la Argentina y  Suecia
          se remontan a 1843.
          53    Demarchi hnos. era una droguería y botica, véase la Guía de la Ciudad de Rosario,
          Carrasco 1876: 27.
          54    Aquí se trata de la epidemia de 1867, la referencia es a una escena en Buenos Aires, pero
          enseguida se ve que la epidemia se propagó a Rosario.
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