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de mantenerse mejor en tiempos de crisis, ya que habían hecho una diferencia
significativa con los beneficios obtenidos cuando las condiciones del mercado eran
buenas y, transfiriendo las pérdidas a los colonos, los eslabones más débiles de
la cadena, en los tiempos malos. Esto fue aún más fácil cuando a partir de 1926
las grandes firmas comenzaron a intervenir activamente en el Chaco, eliminaron
los intermediarios -almaceneros, acopiadores mayoristas, desmotadores locales-
y entraron en una relación comercial directa con los productores, es decir, consi-
guieron controlar el mercado del algodón con un poder de monopolio .
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Solo unos pocos pequeños y medianos agricultores pudieron más o menos
consolidarse bajo estas circunstancias. Según manifiesta un historiador econó-
mico, la comercialización del quebracho y del tanino generaba "importantes
excedentes que se 'filtraban' hacia afuera del área local, en parte hacia los
propietarios metropolitanos bonaerenses que controlaban parcialmente la indus-
tria chaqueña del tanino y, en parte, a los capitalistas europeos […] De esta
forma, la zona no logra retener los excedentes que se originan en ella" (Zarrilli
2016: 121). En mi opinión, en el sector algodonero se presentó un esquema de
comercialización similar . Sin embargo, los dos sectores no eran idénticos: en
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la explotación forestal y la producción del tanino, además de las grandes empre-
sas, solo había unos pocos pequeños empresarios y, aparte de las fábricas
tanineras que se instalaron temprano en el Chaco, no había otra industria de
procesamiento local. No así en la industria algodonera, donde en épocas de
auge económico, también se establecieron desmotadoras y aceitadoras para
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la obtención de aceite a partir de semillas de algodón en la región .
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El único instrumento para contrarrestar la supremacía de las empresas
bonaerenses fue la asociación de los colonos en cooperativas, apoyadas por el
Estado, mediante la concesión de préstamos estatales para comprar tierras,
atender la cosecha o comercializar su producción. Ninguna institución acordaba
préstamos directamente con los agricultores. Sin embargo, las cooperativas no
constituyeron una contraparte de peso para las empresas exportadoras, que
contaban con capacidad de financiamiento y controlaban las negociaciones
comerciales. Como veremos en el caso de los inmigrantes alemanes, necesita-
ron mucho tiempo para organizarse en cooperativas, inicialmente por falta de
un régimen de tenencia de la tierra ya que no habían sido regularizados aún los
títulos de dominio, e incluso entonces, los préstamos eran escasos o llegaron
demasiado tarde para evitar la crisis.
24 Carlino (ibid.: 15) muestra esto con el ejemplo de Bunge y Born en Resistencia y de Dreyfus
en Charata.
25 A una conclusión similar llegó Martínez (2018: 180s.): "De igual modo que las empresas
forestales habían explotado a las personas y a la naturaleza en su lógica de maximizar el lucro,
las compañías exportadoras algodoneras ejercían su explotación sobre los productores y
desmotadores locales, quienes tuvieron que someterse a sus manejos y, a menudo, termina-
ron desposeídos de lo que debió ser su legítima fortuna."
26 En la campaña 1924-25 existían solo 24 desmotadoras en el territorio chaqueño, al año
siguiente, en 1926, este número se había elevado a 39. Carlino 2009: 14.
27 El aceite extraído de las semillas se utilizó para la mezcla de aceites vegetales. Además de Gran
Bretaña, Chile fue un importante consumidor de este producto entre 1924 y 1933. Ibid.: 12.

