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70 EDUARDO DEVRIENT
V
Después de cinco años de ausencia, volvía a pisar el viejo continente. Rotterdam,
Colonia, Karlsruhe. Estoy nuevamente en Alemania. Me presento con un sobretodo
amarillo ante la tía Elisa. Mi hermana Gertrud casi no reconoce a su hermano
vestido en Inglaterra. Después de las primeras impresiones y relatos, sin pérdida
de tiempo intento lograr mis objetivos, que eran de dos tipos. En medio de tanto
trabajo y tanta lucha por la supervivencia, nunca había perdido el anhelo interior
que me inclinaba hacia el arte. En todas partes donde estuve anhelaba dibujar y
pintar. La oportunidad de probar mi talento y proseguir con mis estudios comen-
zados en Neuchâtel era tan tentadora que no dudé en asistir a la Academia de Arte
de Karlsruhe . Allí por primera vez aprendí realmente a concluir algo. Una y otra
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vez tenía que estudiar las luces y las sombras en todas sus formas y fuerzas, y
sopesar unas con otras. Allí nacieron los dibujos en carbonilla, en ese tiempo
también creé la cabeza romana que le regalé a Lya. Si en ese momento hubiera
descubierto en mí un talento verdaderamente genial, sin duda hubiera podido
dedicarme de lleno al arte. Pero la prudente e inteligente crítica del profesor no me
daba confianza en poder lograrlo realmente. Quizás hubiera sido un buen pintor,
pero no uno genial. Y la mediocridad en el arte no tiene buenas expectativas.
Así que me dirigí /27/ a mi próxima meta: buscar capital para independizarme
en la Argentina. A través de un representante en Buenos Aires había recibido
una recomendación para la casa Epperlein & Co . y allí me dirigí con mis planes
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para fundar una sociedad accionaria. La gente de la casa se interesó por el plan
y querían participar como comisionistas y administradores. Solo podían aportar
un pequeño capital y yo tendría que reunir el resto de los accionistas. En primera
término se encontraba la casa Giesecke & Devrient en Lipsia, cuyo director,
Alfons Devrient, tomé en consideración por el parentesco. Me recibieron con
gran amabilidad y sobre todo la madre de Alfons se mostró muy amigable con-
migo en todos los aspectos. Lamentablemente falleció al poco tiempo. También
era un buen amigo el hermano, Artur, que más tarde murió en un duelo. Alfons
estaba dispuesto a participar si se lograba reunir el resto del capital. Su partici-
pación dependía de la de la firma Stöhr & Co. y de Engelbert Hardt, así como
también de la del inventor de Harina Thomas, para la cual obtuve su recomen-
dación. Engelbert Hardt me dijo que ya habían tenido suficientes experiencias
negativas con su estancia Isla Verde . El dueño de Harina Thomas tenía interés
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30 La Academia de Arte (Kunstakademie) de Karlsruhe había sido fundada en 1854 por el
Príncipe Regente y después Gran Duque de Baden, Federico I, como Escuela de Arte Grandu-
cal, y durante sus primeras décadas se desarrolló en ella ante todo el paisajismo. Luego, en el
siglo XX, formó parte de las tendencias de vanguardia. Proveniente de Argentina, también tomó
cursos en ella el conocido pintor Adolf Methfessel, en un viaje realizado en la década de 1880.
31 Epperlein & Co. en Buenos Aires o Casa Epperlein, a fines del siglo XIX y comienzos del
XX, importadora de pianos y otros instrumentos musicales.
32 Entre los empresarios alemanes a los que se dirigió Devrient, el que tenía experiencia en la Argen-
tina fue Engelbert Hardt (1847-1918), fundador de la estancia Isla Verde en el sur de Córdoba, sobre
la que Alberto Bischoff, historiador local, escribió con sus colaboradores los libros Isla verde ¿Riesgo
o aventura? Historia de inmigrantes. Municipalidad de Isla Verde 2006. También Nuestra historia. S. d.,
2001. Y Un tintero de recuerdos, una memoria centenaria. Centenario: Fundación Escuela Nacional
N°51, hoy Provincia Santiago del Estero; Isla Verde. S. d., s. a. Ver también Delius 2018: J 13-16.

