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SETENTA AÑOS. RECUERDOS. PARTE V / VI 71
si me comprometía a usar Harina Thomas como abono. Yo le expliqué que si se
agregaban esos gastos a los costos, la rentabilidad se perdía. Albert Wagner de
Berlín ponía los últimos 10.000 pesos, Burgeff, 5.000, en fin, todos querían ser
los últimos, ninguno el primero. El único que metió la mano en el bolsillo fue el
padre de mi amigo Hildebrand, de Weinheim, que me dio 5000 marcos en mano.
En Lipsia ya teníamos un campo en vista que estaba a la venta, un campo de
Robert Hohmann en Entre Ríos. /28/ El dueño vino de Fulda a Lipsia e hicimos
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el negocio ad referéndum, pero al final todo quedó en nada. Un tal barón Neurath
había emitido un dictamen sobre el proyecto en su calidad de agrónomo. Tam-
bién acepté su invitación a visitar su propiedad en el Harz , aunque el proyecto,
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a pesar de haberse frustrado, tuvo su parte positiva ya que pude entablar con-
tacto con todos los miembros de la familia y sus conocidos. Inclusive recuerdo
a mi cuñado Schichtmeyer de Danzig, el ingeniero Hans Wagner y muchos más.
Pero por supuesto mis expectativas eran demasiado altas e ilusorias. Para fun-
dar un emprendimiento se necesitan bases más sólidas que la buena voluntad
y el entusiasmo. A Hohmann me lo crucé más tarde en un remate de ganado y
llegué a tener un contacto más cercano con él. Epperlein falleció de fiebre ama-
rilla en Bahía en un viaje a la Argentina.
De todas maneras, regresé a la Argentina con 5.000 marcos en el bolsillo,
esta vez vía Génova, en el vapor italiano Vittoria, que más tarde se hundió en la
costa española. Dicho sea de paso, el Dom Pedro también se había hundido en
el golfo de Vizcaya.
Inmediatamente después de mi llegada a Buenos Aires fui a ver a mi antiguo
patrón, Máximo Fernández, que me dejó su estancia Ituzaingó, enfrente de la
estación San Emilio, para que la explotáramos a medias, o sea que yo ponía el
ganado y él, la casa y la tierra. Mi trabajo consistía en vigilar todo el campo, espe-
cialmente a los dos o tres colonos que él había permitido que se asentaran allí.
VI
Con el dinero que me había prestado Hans Kriess, mi buen y querido amigo de
la juventud, en ese entonces subteniente del regimiento Conde Horn, Tréveris,
empecé a comprar ovejas para explotar el campo. Para esa época yo ya estaba
casado, también había conocido al mayordomo de la estancia San Luis, el señor
Riedel, y había estado allí en varias oportunidades. La administración de esa
estancia estaba en manos de Carlos A. Diehl , cuñado de Ernesto Tornquist.
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33 Robert Hohmann, Entre Ríos. En 1922 un tal R. H. introdujo ciervos colorados en su
estancia Collunco, en el norte de la Patagonia, cf. Jorge R. Navas, "Los vertebrados exóticos
introducidos en la Argentina", Museo Argentino de Ciencias Naturales "Bernardino Rivadavia".
Zoología. XIV/21987: 20.
34 Complejo montañoso en el centro-norte de Alemania, a cuyo pie se encuentran varias
ciudades importantes como Gotinga, Weimar y Hildesheim.
35 "Carlos Alejandro Diehl (1855, Brasil -1920, Buenos Aires o Mar del Plata, se casó 1888
con Isabel Altgelt, 1858-1935) [...] descendía de una familia de origen alemán-alsaciano, que
había emigrado a Brasil, Uruguay y [...] se educó en Bruselas y Brujas, Bélgica, fue hacendado,
director de Estancias y Colonias Curumalán y de las Estancias ErnestoTornquist. Fue dirigente
de la Sociedad Rural Argentina 1888-1910 y actuó como jurado en las exposiciones de
Palermo. Fundó en 1905 el pueblo América, partido Rivadavia, provincia Buenos Aires. Poco

