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72                       EDUARDO DEVRIENT



          Era un hombre muy apreciado en el ambiente de las finanzas y reunía capaci-
          dades comerciales y técnico-agrarias. Un agricultor sin sentido comercial posee
          escaso valor, especialmente aquí en la Argentina. Muchos buenos e inteligentes
          agricultores fracasan o no prosperan porque carecen de sentido comercial. Un
          emprendimiento agrario solo es lucrativo cuando se lo trabaja correctamente,
          tanto en lo técnico como en lo comercial. Hay que recuperar los intereses del
          capital, así como los gastos generales y personales, y recién después de haber
          ganado todo eso puede hablarse de una ganancia real, si es que queda algo.
            Un hombre como C. A. Diehl representaba para mí una posible relación de
          la cual podría beneficiarme y especialmente aprender mucho. Lo comprendí en
          cuanto oí hablar a Riedel de aquel hombre. Mi compra de ovejas era la ocasión
          ideal y cuando Diehl vino otra vez a inspeccionar la estancia, me presenté sin
          amedrentarme por tener que cabalgar diez millas para conocerlo. Allí por aquel
          entonces se montaba siempre con caballo de tiro.
            Me presentaron pero por lo visto no le causé buena impresión. Solo cuando
          le dije al señor Diehl: "Ya que está tan ocupado, prefiero volver otro día", me
          escuchó. Yo sabía /30/ que Diehl no era amigo de las ovejas y que con gusto
          me vendería las suyas viejas. Así que escuché con satisfacción su respuesta:
          "Ah, pensé que se quedaría aquí a pasar la noche y cenaría con nosotros". "Por
          supuesto, con mucho gusto", y entonces supe con quién estaba tratando.
            Hay momentos en la vida en los que uno siente: tengo que dar lo mejor de
          mí. Uno siente un punto de inflexión. Así que aquella noche toqué todos los
          registros: idiomas, música, temas agrarios, y hasta jugué al póker. La señorita
          Riedel, actualmente señora de Hess, que hoy día todavía sigue siendo una muy
          buena amiga, me apoyaba y me procuraba oportunidades de mostrarme. Así
          fue cómo me granjeé la simpatía del señor Carlos A. Diehl, que no me abandonó
          hasta su muerte y aún hoy me es de provecho en la relación con su familia. Antes
          de irme a dormir, Diehl me preguntó:
            –Tengo unas 2000 ovejas viejas, ¿por qué no me las compra todas?
            –Porque no tengo suficiente dinero.
            –¿Pero tiene suficiente campo?
            –Sí, eso sí.
            –Entonces hagamos así: usted paga cuando puede y paga 7% de interés.
            Al día siguiente, un joven feliz volvía a casa con 2000 ovejas, a razón de dos
          pesos cada una.
            Así fue como conocí a Diehl y esos fueron mis comienzos. En realidad no
          eran míos, porque la primera compra de ovejas la hice con dinero que me había
          prestado el padre de un amigo. Eran 5000 marcos que había traído de Alemania




          después de 1900 Diehl formó una sociedad a medias con Eduardo Devrient. En la mensura
          judicial 1902 de La Esperanza y Las Vacas se menciona como colindante en 1902 a Carlos A.
          Diehl, La Constancia, representado por E.(duardo) Devrient. En el mapa Peralta 1905 La Cons-
          tancia [...] sigue siendo de Diehl y Devrient. Todavía figura como de Diehl y Devrient en el
          atrasado mapa Córdoba 1924. Sin embargo, como lo relata Devrient, él pasó a ser el dueño
          único (ver abajo) de la La Constancia alrededor de 1902, Diehl vendiéndole su mitad del campo
          por 15 pesos la hectárea" (Delius 2018 F 95-96).
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