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94 EDUARDO DEVRIENT
maron de gripe española. Todavía pudimos bajar del barco en Almería, y refres-
carnos en tierra una vez más, pero después no hubo más posibilidades de tocar
tierra. ¡Gripe española! Murieron no sé cuántos por ese motivo, es que en varias
noches el barco paraba y escuchábamos que algo pesado se hundía en el mar.
Inalcanzable nos fue Madeira. Por fin, Rio. Tuvimos que ir a Isola Grande en
cuarentena. El Almanzora también estaba allí y además un barco cargado con
cebúes. El agua para beber escaseaba y también la comida. Entonces regresa-
mos a Rio. Nuevo despacho y finalmente después de 46 días de viaje, llegada
a Buenos Aires, donde otra vez tuvimos que pasar tres días en cuarentena. A
pesar de todo, llegamos sanos, y si bien hubo disputas y desacuerdos entre los
pasajeros en el largo viaje (como siempre ocurre a bordo), el acuerdo con los de
procedencia italiana había sido tolerable. Mucho habían colaborado los pasaje-
ros oriundos de Argentina, donde estamos acostumbrados a llevarnos bien con
todas las naciones.
Cinco de los hijos Devrient

