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56          MARÍA CECILIA GALLERO Y MARILYN CEBOLLA BADIE



                 Se los ha visto en los días tórridos de verano con la misma in-
                 dumentaria que podía llevarse en las estepas siberianas, así que,
                 efecto de las grandes transpiraciones y el olvido de la higiene, en
                 lo que se refiere a las abluciones o babos, sus pieles se cubrieron
                 de grandes afecciones dermatósicas y de diversas clases como ru-
                 pias zonas urticarias  [sic], herpes tropicales, úlceras en los países
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                 cálidos y sobre todo la afección sarcóptica [sarna]… (Fernández
                 Ramos 1934: 264)
           Estas enfermedades, conocidas como “enfermedades del clima” o  Kli-
           mawunden (en alemán), eran un gran problema para muchos inmigrantes.
           Heinrich Weyreuter (1992: 31) cuenta en sus memorias que tuvo llagas in-
           fectadas en las piernas, “eran tantas que entre una y otra no podía poner un
           dedo. Mis pies estaban tan hinchados que casi no se distinguían los dedos.
           Remedios no había y médicos menos aún. Así que había que curarse solo.
           Dos veces al día baños en agua con jabón y vendas de hojas de bananas”.
              Luis Ruez, en la primera edición de los Alto Paraná Kalender de 1934,
           publicó un artículo titulado “Condiciones higiénicas y sanitarias en el Alto
           Paraná” que reitera la visión idílica que existía sobre Misiones:
                 Si encuentras un folleto de cualquier empresa de colonización del
                 Alto Paraná, te enterarás de que la región del Alto Paraná, Misiones,
                 es una tierra de leche y miel y donde las palomas asadas vuelan ha-
                 cia tu boca y, si todavía te da pereza abrir la boca, estas palomas te
                 dicen: Por favor, adelante. (Ruez 1934a: 83)

           Luego continúa con una breve descripción del clima subtropical y conside-
           ra que “el estado general de la población” no manifiesta grandes proble-
           mas, aunque se vislumbra una
                 reconocida hostilidad de los habitantes hacia los médicos y su pre-
                 ferencia por los curanderos, porque los médicos de las colonias ve-
                 cinas, por lo que pude seguir, de toda la zona del Alto Paraná se
                 quejan de lo mismo. ¿Quejas? Bueno, el médico vive de los enfer-
                 mos y reza por el pan de cada día y los enfermos son en realidad
                 muy pocos, las dolencias menores se curan solas bastante bien con
                 remedios caseros. (Ibid.: 84)

           Más tarde pasa a describir “una serie de enfermedades en el Alto Paraná”
           haciendo una breve síntesis de sus características, las cuales aquí no se
           expondrán en detalle, aunque sí la consiguiente enumeración que realiza:
           malaria , anquilostomiasis, tétanos, “heridas por el clima”, enfermedades
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           15    En dermatología se realiza la comparación con la rupia, moneda de la India, con la cual
           se grafica el tamaño de las heridas en la piel, así como también las marcas de la sífilis
           secundaria, eccema o psoriasis.
           16    En el mismo ejemplar del Deutscher Kalender für den Alto Paraná, el doctor Hugo
           Zieschlank (1934: 111-116), de Bonpland, escribe un artículo sobre lo que el colono debe
           saber acerca de la malaria titulado “Was der Kolonist von der Malaria, hier Chucho oder
           Paludismo genannt, wissen muss”.
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