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60 MARÍA CECILIA GALLERO Y MARILYN CEBOLLA BADIE
Por otra parte, hay que tener en cuenta que “la reputación de un hombre
de ciencia se construía a través de contactos personales entre pares,
que se realizaban tanto a nivel nacional como internacional” (ibid.: 19).
Quizá en este sentido “la fragilidad de la red de contactos académicos
de Ruez” (Lazzari y Nigg 2020: 224) fue una de las razones por las cua-
les una parte importante de sus publicaciones haya permanecido en el
olvido, a lo que se suma que han quedado restringidas a los lectores
germanohablantes.
Como hemos podido analizar, Ruez llegó a Misiones cuando los colo-
nos inmigrantes, al igual que él, intentaban sobrevivir en la selva. Aunque
tuvo dificultades para ejercer como profesional, se preocupó por difundir
principios sobre higiene y salubridad con el fin de mejorar las condiciones
sanitarias de los ciudadanos.
Médico y etnógrafo
Además le estoy siguiendo los pasos a los indios…
Luis Ruez, En estos pueblos
Cuando Luis Ruez se instaló en Puerto Rico, ya había tenido experiencias
de contacto con etnias chaqueñas mientras vivió en Charata y con los arau-
canos en La Pampa; al llegar a Misiones es probable que escuchara hablar
de los indígenas o que tuviera la oportunidad de observarlos cuando se
acercaban a las casas de los “blancos” para vender o intercambiar miel
silvestre, cestos, cedazos y, en ocasiones, animales como monos, coatíes
y loros (Cebolla Badie y Gallero 2011: 105).
Ruez era curioso y buscaba siempre dar respuesta a sus inquietu-
des; por otra parte, era un católico convencido que ponía en práctica
la máxima cristiana del “amor al prójimo” a través de su profesión, no
hacía distingos a la hora de atender a un paciente, como lo expresa en
la Crónica.
En una de las primeras cartas que publicó en el Paraná Post escribe:
Además le estoy siguiendo los pasos a los indios, los que tuvieron la
gentileza, justamente ahora, como si respondieran a un pedido, de
establecerse de nuevo en el Cuña Pirú. Al afamado cacique, que está
en la fotografía de tapa del anuario del Volksbund de 1930, en un casi
paradisíaco atuendo, ya le he hablado. Él anda naturalmente menos
idílicamente por acá y a cambio de una buena propina con gusto se
quita su civilización. (PP 20/8/1931)

