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LUIS FERNANDO RUEZ, EL MÉDICO DE LOS INDIOS EN MISIONES (1931-1967)  59



                     [U]n clima sano, que de por sí no trae ninguna enfermedad de forma
                     natural. Los alemanes lo toleran bastante bien. Como en todas las
                     zonas subtropicales, también aquí hay que respetar ciertas normas
                     higiénicas básicas para evitar las plagas de insectos. No hay enfer-
                     medades típicas que sean exclusivas del Alto Paraná y que pongan
                     en peligro la vida del inmigrante” (Ruez 1934a: 94).
               A partir de este trabajo, se infiere que el proceso de “medicalización”, un
               concepto que evoca la imposición de valores médicos hegemónicos y la
               supresión de prácticas y saberes populares, era aún incipiente en espa-
               cios periféricos como Misiones. Silvia Di Liscia (2010: 365) observa que
               “la posibilidad de medicalizar iba vinculada con la «territorialidad» del cui-
               dado y asistencia”, un cuidado y asistencia que aún no se habían exten-
               dido en el interior de Misiones, pues quedaron centralizados en Posadas
               y algunas colonias como Oberá, San Javier y Eldorado (Ministerio del In-
               terior 1944: 238-239).
                  El principal organismo argentino a cargo de la salud y del control de
               los profesionales médicos, dependiente del Ministerio del Interior, era el
               Departamento Nacional de Higiene (Veronelli y Veronelli Corrach 2004). Di
               Liscia aclara:

                     La posibilidad del contagio de enfermedades infecciosas impulsó la
                     expansión del brazo del Estado a través de campañas de tipo ver-
                     tical. Así, la vacunación contra la viruela, y el intento del control de
                     otras epidemias y endemias como la peste bubónica, la malaria y el
                     tifus, significaron un avance significativo para extender las medidas
                     de salubridad e higiene a los conjuntos sociales pasibles de formar
                     parte de la nueva ciudadanía nacional, ya fuese los recién llegados,
                     inmigrantes de ultramar, población criolla y mestiza o indígenas con-
                     quistados recientemente. (Di Liscia 2017: 162)

               Por otra parte, “en los territorios, ante la demanda de profesionales, se
               permitía el ejercicio de extranjeros, quienes debían inscribirse en un regis-
               tro llevado, en primer lugar, por el médico de la gobernación y luego por
               las Asistencias Públicas de las distintas capitales” (Di Liscia 2010: 367).
               ¿Habrá sido esta autorización la que llevó a Ruez a incursionar como pro-
               fesional en los Territorios Nacionales del Chaco, La Pampa y, finalmente,
               Misiones?
                  En lo que se refiere a la actividad académica, Ruez manifestó un in-
               terés temprano en afiliarse a la Sociedad Científica Alemana (Deutscher
               Wissenschaftlicher Verein), como lo acredita el carnet de membresía que
               aún conservan sus hijos, de 1923. Esta Sociedad tenía como objetivo
               general “informar a sus miembros sobre cuestiones importantes en to-
               dos los ámbitos del conocimiento” y para ello se proponía desempeñar
               “una tarea doble: por un lado adquirir, elaborar y poner a disposición de
               los alemanes residentes en Argentina y Alemania materiales que propor-
               cionarán conocimientos científicos sobre la Argentina y, por otro, acer-
               car la ciencia y la cultura alemanas a los argentinos” (Carreras 2011: 23).
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