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PAUL ZECH: UN INTERMEDIARIO CULTURAL ANTIFASCISTA   147



               Paul Zech: de la fama europea al exilio sudamericano

               Nacido el 19 de febrero de 1881 en Briesen, Alemania (hoy Wąbrzeźno, Po-
               lonia), Paul Zech fue un escritor de considerable reputación antes de que el
               ascenso al poder de los nacionalsocialistas lo impulsara a un temprano exilio
               en Buenos Aires, Argentina, a fi nes de 1933 . Cuando Hitler se convirtió en
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               canciller, Zech había publicado casi veinte obras de teatro, colecciones de
               poemas, nueve novelas cortas, cinco novelas y una plétora de ensayos, y
               traducciones, entre otros escritos. Aunque Zech más tarde adoptó el título de
               Dr. y afi rmó haber estudiado en Bonn y Heidelberg, en realidad fue un escritor
               en gran parte autodidacta, con más experiencia en la minería del carbón que
               en la educación superior (Hübner 2021: 24-25, 131). Su avance se produjo en
               1912, cuando Else Lasker-Schüler lo invitó a publicar sus versos en la revista
               de Herwarth Walden, Der Sturm. Fue reclutado en 1915 después de trabajar
               como traductor en el Ministerio de Guerra en Berlín, y sus horribles experien-
               cias en el frente lo inspiraron a escribir varios poemas antibélicos. Sobre todo
               gracias a su poesía expresionista de antes de la guerra, en 1918 Zech ganó
               el prestigioso Premio Kleist junto a Leonhard Frank. Después de alcanzar su
               cénit a mediados de la década de 1920, la carrera de Zech se vio consumida
               por disputas con los editores, varias obras no muy bien recibidas y múltiples
               acusaciones de plagio. En 1933, su principal fuente de ingresos era como
               bibliotecario en la Biblioteca Estatal de Berlín. La persecución y luego el exilio
               representaron el coup de grâce para un escritor que luchaba por recuperar
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               su ya disminuido estrellato literario .
                  Cuando lo despidieron de la biblioteca en abril de 1933 se sumió en
               una crisis emocional y económica. No está claro por qué las autoridades
               nazis lo persiguieron tan rápidamente (aunque lo habían acusado de robar
               y revender libros sin catalogar, las motivaciones políticas también pueden
               haber sido un factor), pero como muchos otros aspectos de su biografía,
               este período aun está plagado de falta de información . Según Zech, su
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               familia y numerosos investigadores, semanas después de su despido de la
               biblioteca, Zech fue internado en la prisión de Spandau, pero carecemos
               de documentación que pruebe esta afi rmación . En julio se le negó la ad-
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               misión en la Asociación de Escritores Alemanes del Reich e, investigando
               el presunto robo de la biblioteca, la policía criminal registró sus residencias
               en Groß Besten y en Berlín. Además, los nazis prohibieron el Partido Social
               Demócrata (SPD) en junio y continuaron secuestrando y encarcelando a
               personas asociadas a él. Fue así que, la investigación en curso sobre el
               robo de libros sumada a su anterior empleo en el SPD dieron a Zech moti-



               2  Relato brevemente la trayectoria de Paul Zech antes de vivir en Buenos Aires. Los que
               leen alemán pueden consultar el libro de Hübner, Die Leben des Paul Zech.
               3  En este aspecto no estoy de acuerdo con Hedwig Bieber, 1962, ni con Matthias Wegner,
               1968. Comparto el análisis de Arnold Spitta 1978: 61 y Regula Rohland 1999: 146.
               4  Alfred Hübner argumenta que el despido de Zech tuvo motivaciones políticas y las acu-
               saciones de robo solo llegaron a las autoridades nazis en julio (341, 344-345).
               5  Varios autores afi rmaban el supuesto encarcelamiento de Zech, pero Spitta (1978: 63) y
               Daviau (1984: 172) expresan dudas y Hübner (2021: 342) lo rechaza rotundamente.
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