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           vos válidos para temer que lo arrestaran, por lo que en agosto de 1933 huyó
           de Alemania para siempre.
              A diferencia de muchos de los primeros refugiados de la Alemania nazi,
           Zech emigró inmediatamente a ultramar. Luego de una breve estadía en Vie-
           na, continuó hacia el sur hasta Trieste y abordó un barco de vapor a Monte-
           video. Después de aproximadamente dos meses en Uruguay, Zech recibió
           una visa para ingresar a la Argentina y prosiguió su viaje hacia Buenos Aires,
           donde permaneció hasta su muerte en 1946 (Spitta 1978: 129). Su ruta re-
           lativamente directa y su permanencia en la capital argentina le ahorraron a
           Zech la fugacidad de, como dijo Bertolt Brecht, “cambiar de país con más
           frecuencia que de zapatos” y permitió una medida de integración que sólo el
           tiempo hace posible. Este período estuvo plagado de problemas, incluidos el
           de la adaptación a una nueva cultura, lidiar con un idioma desconocido, bus-
           car la estabilidad fi nanciera y construir relaciones profesionales y personales.
           Sin embargo, las luchas de Zech le dieron una ventaja: cuando la llegada de
           refugiados europeos a Argentina alcanzó su punto máximo en 1939, Zech
           contó con la ventaja inicial en la creación de redes y la conciencia cultural, y
           esta valiosa experiencia dio sus frutos en su trabajo posterior.
              Zech no tenía afi nidad con Argentina cuando llegó en diciembre de
           1933. Solo eligió Buenos Aires porque su hermano Rudolf vivía allí y su invi-
           tación le permitió a Zech recibir permisos de residencia y trabajo. Además,
           y a pesar de su turbulenta relación, su hermano lo ayudó económicamente
           hasta 1937. Alfred Hübner ha demostrado que aunque a Zech le faltaba
           dinero, no vivía en la pobreza. No obstante, no era autosufi ciente y hubiera
           experimentado presiones fi nancieras extremas si no lo hubieran ayudado.
           Muchos estudiosos han enfatizado acerca de su pobreza económica, sus
           escasas opciones para publicar y la falta de posibilidades por encontrar
           un lugar en la vida cultural de una sociedad que no apreciaba sus talentos
           y era poco receptiva a sus contribuciones (Rohland de Langbehn 1997:
           7-17). Por eso es tentador considerar a Paul Zech como un estudio de caso
           representativo de la provocativa síntesis de Horkheimer y Adorno sobre
           la alienación sin fi n, “el hogar es haber escapado” (1986: 86). Sin duda, el
           tiempo de Zech en Buenos Aires estuvo plagado de inseguridad fi nanciera
           y frustración profesional. Sin embargo, sus últimos años, especialmente su
           trabajo con los Deutsche Blätter y otros periódicos argentinos, agregan una
           nueva capa de matices a las evaluaciones de su exilio.



           “Nos negamos a quedarnos al margen”: Albert Theile,
           Udo Rukser y los Deutsche Blätter


           En 1943, los emigrantes, cristianos y antifascistas Udo Rukser y Albert
           Theile fundaron los Deutsche Blätter en Santiago de Chile . Theile era histo-
                                                            6
           riador del arte y periodista de carrera antes de que su huida de la Alemania

           6  Recibieron apoyo de Fritz Meyning (alias Fritz Siegel), abogado que escribió varios ar-
           tículos para la revista. Un tercer fundador y patrocinador fi nanciero, Nikolaus von Nagel,
           retiró su apoyo después de una disputa a principios de 1944.
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