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           de invierno. Al regarlas, hay que cuidarse de no usar directamente el agua
           del pozo, la que se usa en la tarde debe haber estado al sol durante el día.
              Para plantar una huerta en el campo, después de abrir el suelo hay que
           trabajarlo con azada y dejarlo expuesto durante mucho tiempo a la infl uen-
           cia atmosférica. Luego debe ser revuelto profundamente con la pala para
           mezclar entre sí las diferentes capas de la tierra, después de lo que se lo
           deja descansar otro año. Las huertas suelen cercarse con muros y se las
           aprovecha también para cultivar fl ores. Las fl ores autóctonas son muy be-
           llas, la mayoría de las especies exóticas pueden importarse.
              Una actividad importante tanto para el confort como para el provecho
           del colono es plantar árboles. Se pueden trasplantar o sembrar tanto árbo-
           les frutales como también forestales y de sombra. Durazneros, damascos,
           naranjos, higueras, granadas son plantas cultivadas localmente. En Santa
           Fe cada casa está rodeada de un jardín arbolado en el que los naranjos
           siempre verdes crecen altos como en Europa los robles. En las colonias
           solo crecen si se las protege, mientras son chicas, de vientos y heladas.
           Los manzanos y perales se recomienda que se injerten en árboles de mem-
           brillo locales. Todas las especies de árboles que crecen en Europa me-
           ridional pueden ser importadas sin problemas y se dan bien. En cambio,
           los intentos realizados con especies de árboles de regiones más frías, del
           norte europeo, no tienen tanto éxito. Pero naturalmente hay que prestarle la
           debida atención al vivero /46/ y a las plantaciones jóvenes.
              También se da excelentemente la vid. Los patios interiores de las vi-
           viendas suelen estar circundadas de parrales que suelen dar uvas moscatel
           muy dulces, tanto negras como blancas. Las simientes importadas de vides
           europeas también crecen bastante bien. Hasta ahora solo se produjo vino
           en pequeñas cantidades, pero con buen éxito, de modo que también sería
           posible hacerlo en mayor escala. Para plantar la vid en mayor escala de-
           bería protegérsela del frío viento del sur, lo que se podría realizar poniendo
           hileras de muros en distancias prudenciales. El tratamiento de la vid es
           más simple que en Europa, pero el suelo debe ser preparado de un modo
           especial. Ya que al comienzo el colono no puede ocuparse con este cultivo,
           tiene tiempo para orientarse al respecto estando en el lugar.
              Dado que el campo en todos los tiempos ofrece para el ganado pastos
           más o menos sufi cientes, todavía nadie ha intentado sembrar praderas ar-
           tifi ciales. Sin embargo, no cabe duda de que en lugares de pastoreo cer-
           cados se podrían sembrar especies más fi nas de gramíneas y trébol. Unos
           intentos a escala menor han llevado a resultados satisfactorios.
              La ganadería brinda al colono junto a la agricultura una fuente de ingre-
           sos muy regular y no sujeta a golpes de fortuna. El ganado se reproduce
           más rápido que en Europa. Unas familias que al llegar recibieron cuatro
           vacas con sus terneros, después de cinco años por reproducción natural
           poseían 30 a 40 vacunos; otras, que estaban en condiciones de comprar
           algunas vacas más, tenían entre 60 y 100 cabezas.
              Las vacas se parecen a la raza de Friburgo, son fuertes pero no grandes,
           no suelen pesar más de 8 quintales. En el curso del tercer año ya paren su
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