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78 KARL BECK BERNARD
de invierno. Al regarlas, hay que cuidarse de no usar directamente el agua
del pozo, la que se usa en la tarde debe haber estado al sol durante el día.
Para plantar una huerta en el campo, después de abrir el suelo hay que
trabajarlo con azada y dejarlo expuesto durante mucho tiempo a la infl uen-
cia atmosférica. Luego debe ser revuelto profundamente con la pala para
mezclar entre sí las diferentes capas de la tierra, después de lo que se lo
deja descansar otro año. Las huertas suelen cercarse con muros y se las
aprovecha también para cultivar fl ores. Las fl ores autóctonas son muy be-
llas, la mayoría de las especies exóticas pueden importarse.
Una actividad importante tanto para el confort como para el provecho
del colono es plantar árboles. Se pueden trasplantar o sembrar tanto árbo-
les frutales como también forestales y de sombra. Durazneros, damascos,
naranjos, higueras, granadas son plantas cultivadas localmente. En Santa
Fe cada casa está rodeada de un jardín arbolado en el que los naranjos
siempre verdes crecen altos como en Europa los robles. En las colonias
solo crecen si se las protege, mientras son chicas, de vientos y heladas.
Los manzanos y perales se recomienda que se injerten en árboles de mem-
brillo locales. Todas las especies de árboles que crecen en Europa me-
ridional pueden ser importadas sin problemas y se dan bien. En cambio,
los intentos realizados con especies de árboles de regiones más frías, del
norte europeo, no tienen tanto éxito. Pero naturalmente hay que prestarle la
debida atención al vivero /46/ y a las plantaciones jóvenes.
También se da excelentemente la vid. Los patios interiores de las vi-
viendas suelen estar circundadas de parrales que suelen dar uvas moscatel
muy dulces, tanto negras como blancas. Las simientes importadas de vides
europeas también crecen bastante bien. Hasta ahora solo se produjo vino
en pequeñas cantidades, pero con buen éxito, de modo que también sería
posible hacerlo en mayor escala. Para plantar la vid en mayor escala de-
bería protegérsela del frío viento del sur, lo que se podría realizar poniendo
hileras de muros en distancias prudenciales. El tratamiento de la vid es
más simple que en Europa, pero el suelo debe ser preparado de un modo
especial. Ya que al comienzo el colono no puede ocuparse con este cultivo,
tiene tiempo para orientarse al respecto estando en el lugar.
Dado que el campo en todos los tiempos ofrece para el ganado pastos
más o menos sufi cientes, todavía nadie ha intentado sembrar praderas ar-
tifi ciales. Sin embargo, no cabe duda de que en lugares de pastoreo cer-
cados se podrían sembrar especies más fi nas de gramíneas y trébol. Unos
intentos a escala menor han llevado a resultados satisfactorios.
La ganadería brinda al colono junto a la agricultura una fuente de ingre-
sos muy regular y no sujeta a golpes de fortuna. El ganado se reproduce
más rápido que en Europa. Unas familias que al llegar recibieron cuatro
vacas con sus terneros, después de cinco años por reproducción natural
poseían 30 a 40 vacunos; otras, que estaban en condiciones de comprar
algunas vacas más, tenían entre 60 y 100 cabezas.
Las vacas se parecen a la raza de Friburgo, son fuertes pero no grandes,
no suelen pesar más de 8 quintales. En el curso del tercer año ya paren su

