Page 86 -
P. 86
84 KARL BECK BERNARD
Un carro sin armadura ; por lo menos un arado fuerte, si es posible,
49
además otro más liviano. Son muy recomendables los arados de Hohenhe-
im, y también los arados Dombasle en las clases más livianas. Buenas mon-
turas y arneses para dos caballos, con pechera, que no sea muy grande y
que se pueda abrir y cerrar para ponérsela por la nuca, porque los caballos
se resisten a pasar la cabeza. Unos cien pies de cadenas de grosores va-
rios, y 20 libras de sogas y cuerdas. Una aventadora para limpiar el trigo,
junto con recipientes y zarandas. Bolsas para frutos. Una fuerte pala de
puntear para cavar hondo, una pala ancha y azadas, estas últimas anchas y
livianas. Una docena de guadañas y sus manijas, algunas hoces, horquillas
y rastrillos. Herramientas para cortar, hachas grandes y pequeñas, cepillos
de carpintero, cuchillos cortadores, taladros, martillos, tenazas, serruchos,
ante todo un buen serrucho para el bosque, etc. Las hachas norteameri-
canas son mejores que las europeas y pueden ser adquiridas en Santa Fe.
Fusiles de caza y carabinas.
Una buena rastra de hierro que se puede desarmar y empaquetar fácil-
mente se puede llevar, pero las rastras comunes se fabrican mejor en el lugar.
A los artesanos se les recomienda llevar sus herramientas; lo mismo a
quien piensa dedicar su atención a la lechería.
También se recomienda llevar simientes, tanto para la huerta como para
el campo. Todas las simientes deben envasarse en recipientes de lata im-
permeables. Quien no rehúye la compra y el cuidado durante el viaje de un
conjunto de jóvenes frutales injertados, no se arrepentirá de haberlo llevado.
Hay que advertir a todos que no lleven artículos comerciales con la es-
peranza de hacer ganancia al venderlos. El que no conoce muy bien el país
se verá amargamente desengañado en esto. Para quien tenga dinero en
reserva, lo más ventajoso es llevarlo en moneda inglesa o francesa o en
buenas letras de cambio. Si se trata de sumas mayores, los pagos pueden
realizarse con facilidad a través de bancos o casas de comercio que ten-
gan su sede a la vez en Londres, París o en Alemania y en Buenos Aires o
Rosario.
Los bienes personales y herramientas de los inmigrantes no pagan im-
puestos de importación.
XIV. La llegada y las primeras instalaciones del colono
La mejor época para arribar son los meses de octubre o noviembre. La
cosecha del trigo, que comienza a fi nes de noviembre o comienzos de di-
ciembre, proporciona a los recién llegados la ocasión /53/ de encontrar
buen salario con los colonos ya asentados al ayudarles con la cosecha.
Pero ante todo aquellos que llegan en esta época antes de o durante el mes
de enero todavía pueden roturar la tierra, lo que les servirá en junio para la
siembra del trigo. Logran por ende ya durante el primer año una primera
cosecha de trigo, lo que es imposible si llegan en otro momento del año. En
49 No está claro qué entiende el autor por “armadura”. Probablemente se refi era a un carro
sin largueros ni ruedas o a solo la caja de un carro.

