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LA REPÚBLICA ARGENTINA COMO DESTINO DE LA INMIGRACIÓN. 1868 85
este último caso solo se pueden cultivar los productos que se dan bien en
tierra virgen, a saber, maíz, batatas, maní, porotos etc. y cuya siembra se
realiza en agosto y septiembre.
Para aquellos que durante el primer año reciben manutención por parte
del gobierno no es tan importante llegar en un momento defi nido.
Una vez llegados a Santa Fe se recomienda a toda persona que estudie
y analice minuciosamente dónde le conviene más asentarse en vista de sus
particulares circunstancias y hacerse asesorar al respecto solamente por
personas confi ables y no egoístas, o sea, por regla general, precisamente
no por aquellos que lo acosan con sus consejos e intentan persuadirlo.
Para gente que posee los medios para establecerse autónomamente, lo
más provechoso será adquirir tierra en una colonia más antigua o inmedia-
tamente cerca de ella, para lo que siempre se encuentra ocasión. Aquellos
en cambio que necesitan del apoyo del gobierno harán mejor, desde luego,
dirigiéndose a una de las colonias nuevas, pero aun entre estas la opción
no es siempre fácil, y sobre este punto uno solo puede tener claridad en el
lugar mismo.
Una vez que el colono ha escogido su lugar de residencia y su propie-
dad, el primer trabajo a realizar es cavar un pozo en el lugar donde cons-
truirá su futura vivienda. A unos 30 a 40 pies de profundidad se encuentra
agua potable sana, fresca y de buen sabor, que sirve para todos los usos
domésticos. Dos hombres pueden cavar un pozo en cuatro días.
Luego se hace el corral para los animales para poder tomar posesión de
los mismos sin dilación. Se trata de un cercado rectangular hecho de pos-
tes fuertes más altos que un hombre, que se colocan uno al lado del otro
[palo a pique] en un pequeño foso que luego se vuelve a llenar de tierra y se
aplasta. Dichos palos se cortan en el bosque vecino, pagando por ellos, si
el bosque tiene un dueño, lo convenido. También uno puede hacerse llevar
al lugar los palos, pagando por ellos.
Recién cuando uno está en condiciones de poner a resguardo sus ani-
males durante la noche, está en condiciones de edifi car la vivienda propia.
Para ello uno mismo fabrica los adobes con la capa superior de tierra, que,
/54/ mezclada con bosta de caballo y algo de paja cortada en trozos pe-
queños, se pisa con los pies o por los caballos. Se los puede hacer secar
simplemente al sol, pero es mejor cocerlos en un horno [haciendo ladrillos]
que se erige con los mismos adobes. También uno puede hacerlos fabricar
en las dos formas y se paga en este caso por adobes sin cocer 24 francos
(11 fl . 12 kr.) y por cocidos [ladrillos], 36-40 francos (16 fl . 48 kr. A 18 fl . 40 kr.)
las mil unidades. El tamaño usual es de 40 centímetros de largo por 20
centímetros de ancho.
El techo más simple se hace de un palo largo y recto de sauce o una
palmera de cumbrera, y palos más fi nos de sauce de vigas, sobre los que
se ponen como listones cañas de bambú. Se atan encima juncos largos,
cortados en una laguna cercana, con cuerdas bañadas en bitumen o con
cintas de cuero de caballo. Los palos de sauce cuestan en Santa Fe 75
céntimos a un franco (21 a 28 kr.) la unidad, las cañas de bambú, 20 a 24 fr.
(9 fl . 24 kr. a 11 fl . 12 kr.) las cien.

